Nivel C

Tengo 53 años. Estudié en la Facultad de Letras de la Autónoma de Barcelona en la segunda mitad de la década de 1970. Por mi edad no había sido escolarizado en catalán, ni nunca había asistido a clases para aprenderlo. Lo había hablado, de siempre, en casa. También con muchos de mis amigos. La mayoría.

Lo leía, evidentemente. Y mucho.

La práctica totalidad de las clases que me impartieron en Bellaterra fueron en catalán. Ahí, como autodidacta, empecé a escribirlo. Me iba corrigiendo. Yo mismo. No tiene mucho mérito. Así lo hicieron todos mis compañeros.

Cuando, tras unos años en la enseñanza secundaria, volví al departamento universitario del que había partido, ahora como docente e investigador, di mis clases en catalán. Primero en el Vallés, ahora en Gerona. Nunca se me ocurrió hacerlo de otra manera. Bien es cierto que cuando se me preguntaba -mucho más antes que ahora- contestaba en la lengua que usaba el estudiante.

No tengo el nivel C.

Mis alumnos han sido, sin excepción, escolarizados en catalán. Si el nivel C pasa a exigirse al profesorado, habrá que aplicar un criterio similar en los procesos de evaluación del aprendizaje, ¿no?

Ni les cuento la debacle que asoma por el horizonte.

Vamos a ver, antes de continuar dando la tabarra, ¿por qué no se preocupan nuestras autoridades académicas y, por supuesto, universitarias de cómo escriben y, en general, se expresan, en la lengua que quieran, nuestros estudiantes? Incluso no pocos de nuestros profesores.

Agarrarse o acogerse

Como usuario habitual -probablemente excesivo- de los servicios aeroportuarios tengo escasas simpatías para con los controladores aéreos. Pero hay verbos que no usaría nunca en referencia a ellos. Claro que no soy periodista.

Me da la impresión que uno, o una, se agarra, por ejemplo, a la barra de un bar, o a la clásica farola, cuando empieza a rodarle la cabeza o cuando le tiemblan las piernas más allá de lo usual. En cambio, uno, o una, se acoge a las cláusulas de un convenio laboral si lo cree conveniente. ¿No? En caso contrario, que Mario Moliner me corrija.

Hay ojerizas, señora Lara, que no son de recibo ni en las ediciones digitales.

La unidad, fe civil de José Antonio

Vimos que José Antonio estaba dolido con ABC. Lo estaba porque el periódico monárquico y conservador aseguraba a sus lectores que el fascismo era violencia, fuerza bruta. ¡No!, se exclamaba el fundador de Falange Española.

El fascismo no es una táctica -la violencia-, es una idea -la unidad.

¿Unidad de quién o de qué?, se preguntarán ustedes. Unidad frente a la pluralidad y el conflicto. Por un lado, unidad

Frente al marxismo, que afirma como dogma la lucha de clases.

Por el otro, unidad -no para de repetir la dichosa palabra- frente al liberalismo. En realidad, y ahí se halla la raíz del desencuentro con Luca de Tena, José Antonio atribuye al liberalismo la asunción de un mecanismo representativo para la resolución de los conflictos de intereses que no hace sino fragmentar la nación, enfrentar al pueblo -concebido como un todo- y condenar la patria al atraso.

En rigor para José Antonio el fascismo no es otra cosa que el nacionalismo del siglo XX, el que puede hacer frente a la diversidad, a la complejidad intrínseca de las sociedades modernas. Es por eso que confía en que el espíritu de su interlocutor, desengañado de los efectos nocivos del pluralismo liberal, se desprenda de ese “frío y soso” lastre ideológico y, alternativamente, se le

encienda la llama de esta nueva fe civil capaz de depararnos, fuerte, laboriosa y unida, una grande España.

Todo esto es historia. Que conste. No se les ocurra establecer analogías. Aunque, en mi caso, cuando me llaman a la unidad se me pone la piel de carne de gallina. Puro reflejo.

Todo empezó con Charlot

Paco Fuster, que es un trabajador infatigable y un amigo, me ha enviado una serie de materiales relacionados con el proyecto de investigación que llevo entre manos. De momento, van a quedar en un archivo. El inicio de curso es una época frenética en la que los compromisos pendientes y las obligaciones universitarias se encabalgan. Yo mismo ando pendiente de si me tengo que sacar el nivel C, o no, de catalán.

En fin, que las horas del día no dan para más y, hasta que el curso no haya empezado a rodar, los archivos Fuster -así han pasado a denominarse- están ahí, como en un limbo, a la espera de que un servidor pueda zambullirse en ellos.

No obstante, con una primer ojeada uno se encuentra con este regalito de Luis Bagaría. Un regalito que, visto ocho décadas más tarde, pone en evidencia como el cine ha tenido, en la democratización de determinados usos sociales, un efecto potentísimo. Algunos dirían que devastador.

Todo empezó con Charlot.

¡Gracias, Paco!

(Prohibida la reproducción)

El fascismo, decía José Antonio, no es siempre una política de fuerza

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¿Qué es lo que había irritado tanto a José Antonio en las crónicas de ABC sobre el fascismo? ¿Cuál era el rasgo común a todas las críticas que el diario conservador había dedicado a un movimiento con el que se sentía tan próximo como para saber que podía ser presentado como potencial caudillo del mismo?

La violencia. O, por mejor decir, la democratización de la violencia. La brutalización de la política. Eso era lo que convertía al fascismo, para cualquier conservador -y obviamente para los Luca de Tena-, en un riesgo nada desdeñable.

Pues bien, José Antonio reclama el derecho de réplica argumentando lo siguiente:

Porque justamente lo que menos importa en el movimiento que ahora anuncia en Europa su pleamar, es la táctica de fuerza (meramente adjetiva, circunstancial; acaso en algunos países innecesaria); mientras que merece más penetrante estudio el profundo pensamiento que lo informa.

Parece estar convencido que lo sustantivo, tanto en el campo de los porqués como en relación a los contenidos, es más relevante que la forma. El contenido, en realidad, acabará siendo bastante elemental, bastante menos profundo que lo sugerido.

Cartas abiertas acerca del fascismo. A Juan Aº Luca de Tena.

Sabes bien, contra los rumores circulados estos días, que no aspiro a una plaza en la jefatura del fascio que asoma. Mi vocación de estudiante, es de las que peor se compaginan con la de caudillo. Pero, como a estudiante, que ha dedicado algunas horas, a meditar el fenómeno, me duele que A.B.C. -tu admirable diario- despache su preocupación por el fascismo, con solo unas frases desabridas en los que parece entenderlo de manera superficial.

Queda claro que a José Antonio Primo de Rivera no le convencía la manera como A.B.C. trataba al emergente fascismo. Es por ello que, ni corto ni perezoso,

Pido un asilo en las columnas del propio A.B.C. para intentar algunas precisiones.

Básicamente, decía en esta nota, lo que esperaba era aclarar unos pocos conceptos básicos.                                                                                          ../..

El relato del pasado

Os acontecimentos nâo têm nunca aquela coerência que nós lhe emprestamos a posteriori. Nós é que precisamos de uma qualquer lógica para dar sentido ao que estamos vivendo.

E. Lourenço, Finisterra 35, setembro 2000, 7.

Cinco imágenes

Queda poco por subir

Miras al cielo

y también al horizonte

Llega la noche

y el día siguiente


Socialdemocracia o nacional-populismo… a la vuelta de la excursión

Como habrán visto, un servidor se ha cogido un par de días de desconexión total para instalarse, cual cabrito, en la Sierra de Cazorla. Eso sí, en compañía de mi señora.

Elis, elis!!!

Lo cual no quiere decir que no hubiese dejado antes un análisis, para los amigos de La Voz de Barcelona, sobre esa cosa tan rara que está pasando. O eres soberanista, como poco, o no eres naide.  Los soi-dissant socialistas, claro, se han puesto nerviosos. El que no es maulet quiere un Estado. Y el  que no quiere uno es porque se pide dos. La caraba.

Este artículo, el primero de tres, va de cómo leen la historia reciente. ¡Hay que echarle valor!

Cooperantes

Tengo un amigo que se ha pasado buena parte del verano atendiendo a su suegra. Una señora muy mayor, con la salud deteriorada, la cabeza a pájaros y el egoísmo propio de una chiquilla de cinco años. No ha sido fácil, pero tampoco se queja… demasiado.

En realidad, sí que se exclama y lo hace porque hay una cosa que no entiende. Su señora suegra tiene nietas. Son muy familiares y cariñosas, aunque hace meses que no se las ve por casa. Durante el curso, porque tienen que estudiar. A principios de julio, porque tienen que relajarse del esfuerzo académico y se van un par de semanitas a la playa. Y el resto del verano porque, como son muy solidarias, se han hecho cooperantes. Mi amigo no sabe exactamente en qué ONG. Están tan ocupadas que es imposible localizarlas.

A la abuela, deben pensar, que la aguante su tío putativo que ellas están para menesteres más expuestos.

¿Caricatura? ¡Un rábano! ¿Circunstancia excepcional? Quizá. Es posible. Tal vez. Aunque tengo mis dudas. Se lo contaré a finales del próximo verano. Si mi amigo consigue reponerse.