Biografía e historia, cultura y política, etnia y literatura, Palafrugell, Europa y el mundo. Pla y Aly. Todo eso aquí:

Y sólo es la primera parte.


Entre los cascotes…  militares, sacerdotes y paisanos. C’est tout.


Fiat lux!!!

Parece que el saber puede acabar con la superstición -hagan el favor de leer, respectivamente, neurociencia cognitiva y psicopedagogía.

Como mínimo no puede decirse que no lo esté procurando.

En Behavioural Brain Research el profesor José León-Carrión -de la Hispalense- y su equipo internacional de trabajo exponen los resultados de una investigación que pondría de manifiesto que la repetición es un método de aprendizaje natural y eficaz. Eficacísimo. Siempre que se combine, claro está, con el esfuerzo del individuo.

El abstract dice así:

Our study focuses on the physiological effects of repetition on learning and working memory using an adaptation of Luria’s Memory Word-Task (LMWT). We assess the hemodynamic response in dorsolateral prefrontal cortex (DLPFC) of 13 healthy subjects while completing LMWT. Free word recalls were acquired at the beginning, middle and end of the task. Behavioral results showed that all subjects could recall the complete word list by the 10th trial, which was considered as successful task accomplishment. We observed an attenuation of stimulus-evoked neural activity in prefrontal neurons. Our findings show that the temporal integration of efficient verbal learning is mediated by a mechanism known as neural repetition suppression (NRS). This mechanism facilitates cortical deactivation in DLPFC once learning is successfully completed. This cortical reorganization is interpreted as a progressive optimization of neural responses to produce a more efficient use of neural circuits. NRS could be considered one of the natural mechanisms involved in the processes of memory learning.


Haberlas las ha habido.

A mí me toca hablar del nacionalismo de los republicanos en el Ochocientos. No es que lo fuesen mucho, de nacionalistas. Bueno, algunos sí, los más conservadores, los de orden. También aquellos que aspiraban, desde la Institución Libre de Enseñanza, a la modernización cultural y a la democratización política del país. Los otros, la mayoría de los de casino menestral -por no aludir a los que frecuentaban el círculo espiritista- o apelaban al protagonismo de las muchedumbres o se ponían deletéreos clamando por el cantón y la Federación. Algo así como discutir sobre el sexo de los ángeles.

El problema es que a las puertas de Bizancio, entonces como ahora, se encontraban, parados, los turcos.

Los que eran conscientes de ello tenían el peso que tenían. Escaso.

El día en el que en este país la República deje de asociarse a la perspectiva carnavalesca de la inversión festiva de los roles tradicionales quizá -y sólo digo que quizá- esta forma tan racional de Estado sea, entre nosotros, una posibilidad.


Las principales ocupaciones de los sevillanos.

Ni economía sostenible, ni I+D, ni ná. Pocas batas blancas y muchos peones.

Hay cosas que amenazan con no cambiar.


Todo sucede igual que en aquellos versos

sobre una selva oscura o un mono gramático, las enormes

avenidas del país santo, las terrazas del templo.

Al fuego de la noche le sigue una mañana de ebriedad.

Primeros versos de un poema de Juan Planas Bennásar en Tratado de las cosas sin nombre, Calima, Palma de Mallorca, 2009.


Los catalanes estamos dando, una vez más, muestra de sentido práctico. El mundo se hunde a nuestro alrededor y nosotros nos dedicamos a discutir lo más apropiado en estos casos: una ley territorial que recupera, como unidad administrativa, una añeja denominación. Medieval, para ser más exactos. La veguería.

En ocasiones, como en la presente, me da por pensar que la utopía nacionalista puede estar ocultando una distopía, una penosa e irreversible enfermedad que acabará liquidando una patria ancestral.


Con perdón, pero eso es lo que asegura I.C. dehaC:

La nota, inscrita en los muros del antiguo seminario de Gerona y recién inaugurada Facultat d’Educació i Psicologia, viene a completar otra que, pocos días antes, apareció orlando la entrada del recinto académico. La siguiente:

Ésta última, no cabe discusión, es mucho más culta. Además posee una legitimidad añadida, histórica: desde hace décadas figuraba en el frontispicio de la entrada del antiguo Col·legi Universitari. Es decir, en el mismo edificio ahora reconstruido. Si no l0 acaban de leer bien, cliquen sobre la foto. Ayuda un poco.

Estamos en unos tiempos en los que no hay canon. Mejor todavía, hoy en día el canon equipara a I.C. dehaC con J.V. Foix. Me pregunto si los administradores de la casa -recuerden que estamos hablando de un antiguo seminario, lo que ayuda a entender la metáfora del cirio- obrarán en consecuencia y preservarán las dos inscripciones, o si las borrarán por igual.

Es una incógnita. En estos días están debatiéndolo.

Esperamos con impaciencia que hagan públicas sus conclusiones.


Se preguntarán ustedes… ¿Cuál?

Careaga. Quién si no.

Estoy leyendo, por razones estrictamente profesionales, el tercero de los volúmenes de la obra Bilbao desde sus alcaldes. Vasto y refinado trabajo prosopográfico dirigido por Joseba Agirreazkuenaga y Mikel Urquijo. Éste último es quien firma la entrada correspondiente a la que fuera alcaldesa bilbaína en tiempos agitados. No tanto como los que vendrían justo después de ella, pero agitados al fin y al cabo.

De la burguesía industrial y financiera de Neguri -¿ha habido otra?-, doña Pilar era de joven una intrépida militante de la modernidad bien entendida. O sea, que era una maurrasiana militante de Renovación Española y protectora, en enero de 1936, de la revista Acción Española.

Ya por entonces había contraído matrimonio con un Lequerica; en concreto, don Enrique.

Siendo yo joven oí hablar mucho de ella. O, por mejor decir, leí mucho sobre ella. Porque entonces, hablo de los muy primeros años de la década de 1970, los jóvenes leíamos la prensa, el diario. Y en él venían noticias de la alcaldesa de Bilbao, desde 1969 hasta 1975, y procuradora en Cortes. Que si dialoga con los vecinos, que si les ha dicho basta. Que si la Universidad, que si la contaminación. Que si aperturista, que si mujer. Que si vasca, que si española -bueno, en realidad eso vino después, porque por aquél entonces lo bilbaíno y lo vascongado eran epítome de lo español.

Adalid de las conquistas sociales de la mujer, y cantora del matriarcado vizcaíno, se mostraba siempre distante del feminismo desgarrado. Precisemos. Lo recuerda Urkijo. El ABC de 21 de noviembre de 1969 establecía, por ejemplo, la función que la alcaldesa había atribuido a las mujeres en la policía municipal:

La sección policial femenina tendrá facultad sancionadora, pero no entenderá en cometidos masculinos, como el tráfico y sus derivaciones. Las funciones de las mujeres policías bilbaínas serán muy específicas, como la vigilancia de niños, salida de escuelas, presencia en parques y jardines infantiles…

Y, la guinda:

También se las quiere hacer un poco centinelas de la estética urbana: ver cómo están la limpieza, las colgaduras de ropas y todo aquello que puede ser más apreciable al “tacto” femenino.

¡Qué gran libro! ¡Qué gran mujer!

Por cierto, en 1979, ETA atentaría contra ella mientras iba a misa conduciendo su SEAT 127. Adujeron que era

una de las personas más nefastas y dañinas que Vizcaya, y Euskadi en general, ha tenido que soportar bajo la bota fascista.

Añadían, por si esto no era motivo suficiente, que no había pagado el impuesto revolucionario.

Bilbao desde sus alcaldes. Diccionario biográfico de los alcaldes de Bilbao y gestión municipal en la Dictadura. Vol. III: 1937-1979.

Bilbao 2008.


¡Qué bruto!

02Feb10

Arrancar una página de la historia de España que contiene y refiere el heroísmo sin límite de un soldado español, echar abajo un símbolo de una categoría histórica indudable que representa el más formidable sentido del valor, la más alta prueba de gallardía, el más sublime heroísmo, la más completa y fecunda abnegación, me parece no un error ni siquiera un disparate inconfesable. Estimo que se trata de un alevoso crimen contra la identidad de nuestra tradición militar, contra el ejemplo de alguien que supo aceptar el sufrimiento sin protesta alguna y que llevó hasta sus límites más altos el sentido de la milicia.

José Utrera Molina está indignado con el derribo de la estatua dedicada a Millán Astray.

No es que yo sea un gran partidario, ni mucho menos, de la memoria histórica -me siento más cómodo intentando entender la historia, sin los aditivos de la remembranza- pero lo de Utrera es de un bruto excesivo. Recuerda la zafiedad de otros tiempos. Cierto, quizá el hombre se ha sentido provocado por el guerracivilismo de los de enfrente, pero ello le lleva a redactar un artículo demencial con un remate memorable, por lo bestia:

Hace unos años, la Legión española me distinguió con la única condecoración que verdaderamente he ostentado durante todos estos años con pleno orgullo, al nombrarme cabo honorario. Hago honor a esta distinción y saludo ante su tumba con gesto legionario a quien ha sido un héroe excepcional y un ejemplo para las futuras generaciones. Al grito legionario ¡a mí la Legión!, acudo. Aquí estoy, mi general.

Lo anterior, y no lo acabo de entender, en el ABC de hoy, 2 de febrero de 2010.




Libro más reciente

Para adquirirlo, clique en la portada

Visitas

  • 122,796

En catalán