Algunas cosas es mejor que no se sepan nunca

No lo digo yo. Lo ha dicho el teniente general Andrés Cassinello en El País Y nadie parece haberse alarmado en exceso. Suscitó el interés de los lectores de la edición digital. Incluso supero en número de visitantes a los interesados por la vida privada de Leticia Ortiz. No sé de historiadores, ni de otros analistas de la Transición, que se hayan llevado las manos a la cabeza. Como ustedes ya deben saber se trata del ex director de los servicios secretos con Adolfo Suárez, del jefe del Servicio de Información de la Guardia Civil el 23-F y, last but not least, de imputado y exculpado en el caso GAL.

No es menos sensacional el hecho de que forme parte del núcleo fundacional de una Asociación para la Defensa de la Transición, fundada en febrero de 2007. Una entidad que aspira a recordar, y recuperar, los aires de concordia (sic) de esos años frente a la tensión política más reciente.

El hombre no se siente orgulloso: “Si paso revista, no me siento orgulloso de nada. He cumplido con mi deber y lo he hecho en muchas situaciones muy difíciles”. O sea, que sí, que se siente orgulloso.

Ni le tienta la vanidad…Será porque no ha encontrado a su Clarice Starling. Sólo entonces, acaso, se dignará dar detalles. De momento, hemos de estar agradecidos por no haber sido devorados. El silencio de los corderos.

Para JPQ


4 Responses to Algunas cosas es mejor que no se sepan nunca

  1. À.,

    Gratitudes…

    “Silencio de los corderos..”, sin duda. Dicho esto, recordando tu cita de Riba de ayer… pudiera pensarse que también hay un “silencio sonoro” (Cántico, Bergamín) que la transmisión de la palabra nos ayuda compartir y volver a pasar a los lectores de mañana…

    Q.-

  2. Àngel Duarte Montserrat

    Q.-
    Un placer
    Pensaba en la desertización moral que tantas y tantas veces has denunciado.
    En cómo hacerle frente… (si se puede) y me ha parecido que el estrepitoso silencio de los historiadores del tiempo presente -una más de las vacuas señas de identidad que pueblan este oficio- formaba parte de ese paisaje desolador. En cualquier otra circunstancias hubiesen/hubiésemos prorrumpido en feroces diatribas. Pero no, somos… inocentes.

  3. À,

    NO había caído en esa faceta de la desertización moral… y, efectivamente, se trata de un dato melancólico…

    Q.-

  4. Pingback: Silencios « El tinglado de Santa Eufemia

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