El intelectual de guardia. Escribe Àngel Duarte sobre José María Lassalle. Escribe con tino y sutileza, pero creo que falta algo en su dictamen. Lassalle es un intelectual que, frente a otros, no pierde fuelle teórico o analítico por el hecho de ser asesor áulico. Se le nota, quizá, la ambición, pero eso, en política, no es malo. Sólo es erróneo calcular malamente las consecuencias imprevistas de la acción. Y creo que Lassalle, experto conocedor de la tradición liberal, no siempre ha calculado los efectos inintencionales de lo que hace o de lo que escribe. Por ejemplo, meses atrás me decepcionaba una y otra vez cuando se ponía el disfraz de diputado pendenciero, algo que sucedía con alguna frecuencia en la pasada legislatura, la legislatura de la bronca: perdía su brillo, su lozanía reflexiva, para convertirse en ariete de un partido confuso, el suyo. En cambio, cuando escribe sobre el liberalismo o sobre Isaiah Berlin (en Abc recuerdo alguno), generalmente acierta. Se lo dije al propio Lassalle en un correo privado y él tuvo la generosidad de remitirme un artículo más extenso sobre el mismo tema titulado “Hamlet en Oxford”, publicado en la revista de la FAES. En FAES, precisamente: ése es el fardo que acarrean los moderados del PP. O, en otros términos, el problema de Lassalle es el problema de Rajoy: han creído que lo liberal, lo sensato o lo moderado pueden finalmente salir adelante en un medio hostil, guerrero, al que ellos no le hicieron ascos en su momento. Han creído que ciertos apoyos y ciertas colusiones eran beneficiosas (sin efectos secundarios). Ahora estamos viendo que no es así. Habrá que volver sobre Lassalle. Hace años, nos rendimos homenajes mutuos a pesar de no ser de la misma cuerda: Anaclet Pons y yo escribimos una reseña de su espléndida tesis doctoral (dedicada a John Locke) y él –en contraprestación y agradecimiento–nos hizo otra de Como se escribe la microhistoria. Todo en Ojos de Papel. Ahora, Àngel Duarte nos hace regresar… Qué vueltas da la vida.
Creo que estamos de acuerdo en (casi) todo. Este país no será un lugar plenamente vivible hasta que gente que no es de la misma cuerda sepa reconocer la inteligencia y las razones de los otros; hasta que un señor de derechas pueda casarse con una señora de izquierdas, y al revés; hasta que no todo valga en la acción política… Tengo la ventaja de mirármelo desde fuera. Vaya usted a saber don Justo, cómo hubiera reaccionado de estar dentro… En fin, suerte que nunca me han tentado. Por lo demás, tengo la impresión que si en todo este embrollo hay, al final, un cabeza de turco será quien tiene la patilla de escribir sobre Berlin o Bauman. ¡Qué le vamos a hacer!
2 comentarios
Mayo 28, 2008 a las 10:30 am
El intelectual de guardia. Escribe Àngel Duarte sobre José María Lassalle. Escribe con tino y sutileza, pero creo que falta algo en su dictamen. Lassalle es un intelectual que, frente a otros, no pierde fuelle teórico o analítico por el hecho de ser asesor áulico. Se le nota, quizá, la ambición, pero eso, en política, no es malo. Sólo es erróneo calcular malamente las consecuencias imprevistas de la acción. Y creo que Lassalle, experto conocedor de la tradición liberal, no siempre ha calculado los efectos inintencionales de lo que hace o de lo que escribe. Por ejemplo, meses atrás me decepcionaba una y otra vez cuando se ponía el disfraz de diputado pendenciero, algo que sucedía con alguna frecuencia en la pasada legislatura, la legislatura de la bronca: perdía su brillo, su lozanía reflexiva, para convertirse en ariete de un partido confuso, el suyo. En cambio, cuando escribe sobre el liberalismo o sobre Isaiah Berlin (en Abc recuerdo alguno), generalmente acierta. Se lo dije al propio Lassalle en un correo privado y él tuvo la generosidad de remitirme un artículo más extenso sobre el mismo tema titulado “Hamlet en Oxford”, publicado en la revista de la FAES. En FAES, precisamente: ése es el fardo que acarrean los moderados del PP. O, en otros términos, el problema de Lassalle es el problema de Rajoy: han creído que lo liberal, lo sensato o lo moderado pueden finalmente salir adelante en un medio hostil, guerrero, al que ellos no le hicieron ascos en su momento. Han creído que ciertos apoyos y ciertas colusiones eran beneficiosas (sin efectos secundarios). Ahora estamos viendo que no es así. Habrá que volver sobre Lassalle. Hace años, nos rendimos homenajes mutuos a pesar de no ser de la misma cuerda: Anaclet Pons y yo escribimos una reseña de su espléndida tesis doctoral (dedicada a John Locke) y él –en contraprestación y agradecimiento–nos hizo otra de Como se escribe la microhistoria. Todo en Ojos de Papel. Ahora, Àngel Duarte nos hace regresar… Qué vueltas da la vida.
Mayo 28, 2008 a las 11:34 am
Creo que estamos de acuerdo en (casi) todo. Este país no será un lugar plenamente vivible hasta que gente que no es de la misma cuerda sepa reconocer la inteligencia y las razones de los otros; hasta que un señor de derechas pueda casarse con una señora de izquierdas, y al revés; hasta que no todo valga en la acción política… Tengo la ventaja de mirármelo desde fuera. Vaya usted a saber don Justo, cómo hubiera reaccionado de estar dentro… En fin, suerte que nunca me han tentado. Por lo demás, tengo la impresión que si en todo este embrollo hay, al final, un cabeza de turco será quien tiene la patilla de escribir sobre Berlin o Bauman. ¡Qué le vamos a hacer!