… apóstol ideal / siervo fiel del Señor. / Tu especial protección / pedimos con fervor…
En Viviendas del Congreso o en Berga, durante el curso escolar o en colonias de julio y agosto, equivocando sistemáticamente el tono, cantábamos. En ocasiones ¿una vez al año?, el hermano o el profesor nos dirigía, en perfecta formación, a la sala de actos. Las filas de las distintas clases coincidían en la entrada. La pericia del hermano prefecto evitaba el temido tumulto. En el interior del local se apagaban las luces y aparecía Mel Ferrer. O, mejor, el fundador de las Escuelas Cristianas.
El cine, aunque fuese malo, hacía el milagro. El santo vivía, sufría, corría aventuras en la convulsa Francia del siglo XVII. Rememoro paisajes y diligencias, escuelas y fiscales, También al rey, Luis XIV, en la solemne pose de Fernando Rey. De hecho, aparecían muchos de los actores que, por aquellos tiempos, y en los años siguientes, vería, en blanco y negro, en la televisión de casa: Manuel Alexandre, José María Caffarel,…
Especial entusiasmo tenía, por la película, un hermano que se desplazaba a Berga con nosotros. En los autocares que partían de la burguesa Bonanova. Era el hermano Clemente. No hace muchos años, a raiz de su muerte, se produjo en la sección de las cartas al director La Vanguardia un singular cruce de recuerdos y evocaciones. La memoria se revelaba frágil y parcial. Yo tengo grabada su pose enérgica, levantando el brazo con la mano extendida, en clave más directamente nazi que falangista. Heil!!! También, atento con nosotros y resolviendo todo tipo de contingencias.

En lo que a mí respecta, no debía tener diez años. Me enteraba de pocas cosas. Por ejemplo, no acertaba a valorar las limitaciones de Mel Ferrer como actor… y, no digamos ya, como torero . Ni sabía que pasaría a la posteridad, básicamente, como el ex marido de Audrey Hepburn. Pero tenía memoria y criterio, mucho más que ahora. Y recuerdo que, puestos a elegir, me quedé con La caída del Imperio Romano, del mismo año que El Señor de la Salle pero dirigida de forma más eficaz por Anthony Mann. Antes peplums que vidas de santos. Siempre. Y, por supuesto, antes Sophia Loren (Lucila) que la Hepburn. Todos hemos tenido nuestras fantasías adolescentes.

También recuerdo el cine del colegio. Las tardes de los domingos de invierno con los bolsillos del abrigo repletos de chucherías y dirigiéndonos al edificio y a la puerta que tan poco nos gustaba de lunes a viernes y que ahora nos prometía un mundo nuevo por conocer. Todos los años, por supuesto, películas de Marisol, algunas, pocas, de Joselito -realmente estúpidas- más de romanos y poco más. Pero recuerdo vivamente dos de aquellas tardes: Romeo y Julieta y West side Story. La primera, por la charla previa de la madre prefecta en la que aclaró a nuestras mentes (y cuerpos) vírgenes -repititiéndolo con énfasis- que la escena en la que se vislumbraba el cuerpo desnudo de Violeta bajo las sábanas había tenido lugar despues del matrimonio con Romeo. Faltaría más!!! No se trataba de acto pecaminoso alguno, no había nada de concupiscencia sino sólo cumplimiento del débito conyugal!!
La segunda… porque no pude verla. Tenía por entonces 13 años y la madre prefecta me comunicó que era demasiado pequeña y no estaba preparada para algunas escenas.
Gracias, Ángel, por llevarme de nuevo a aquellas tardes mágicas de domingo.
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