Me encuentro estos días en Madrid, participando en uno de esos encuentros de historiadores que permiten reencontrarte con amigos y colegas. Este oficio, en numerosas ocasiones, tiene algo de privilegio. Venimos a discutir sobre los enemigos de España, en la capital del reino. Los de fuera y los de dentro. A mí me ha tocado desarrollar el tema de los catalanes.
De hecho, la enemiga para con los catalanes viene de antiguo. Empezaré, para no ir más atrás, con la apreciación de Francisco de Quevedo. Un juicio formulado con materiales de derribo –en plena guerra civil interna-, con no escasas dosis de antisemitismo y desde un monasterio, el de San Marcos en León, convertido en fría y húmeda prisión. La de Quevedo es la mirada de quien tiene la intención de congraciarse con unas autoridades que presionan para erosionar, desde la lógica del Estado que acumula funciones y poderes, la validez y la operatividad del fuero: será con motivo del conflicto de propaganda entre los revoltosos de 1640 y los partidarios de Gaspar de Guzmán y Pimentel, el Conde-Duque de Olivares, que Quevedo decide hacer méritos a costa de los catalanes. En el panfleto La rebelión de Barcelona asegurará de éstos que son desleales, ingratos, hipócritas y ladrones. Los epítetos tendrán éxito y nos los encontraremos en el futuro. La enemiga de Quevedo para con los naturales de ese rincón peninsular llega hasta el punto de considerar, y aquí la huella del casticismo antijudío aparece poderosa, que la idea de que Herodes degollase a los inocentes “parece traza de catalanes”.

La mirada quevediana ha tenido seguidores. Doscientos cincuenta años más tarde, en un contexto de rebeldía algo menos dramática –la campaña por la Autonomía integral de 1918-, el periodista Adolfo Marsillach acusaba a los catalanistas de ser fríos y calculadores, y de actuar usando “el disimulo, el engaño, la doblez y la mentira”. Mientras por aquellas mismas fechas un colega suyo decía que las habilidades financieras de Francesc Cambó –artífice de la citada campaña autonomista- adolecían de “un profundo sentido judaico (…). El comercio adquiere en su alma una intensidad (reli)giosa y un fatalismo de raza condenada a tales menesteres”. La permanencia del argumento no es en absoluto superficial.
Volvamos a Quevedo. Frente a la incomodidad del jesuita aragonés Baltasar Gracián, contrario a la revuelta pero menos obsequioso para con el poder y más receptivo a lo laberíntico de las naciones de España, Quevedo considera al Principado un “caos de fueros” y un “laberinto de privilegios”. La confusión irrita a Quevedo, como después irritará a los adeptos a la luminaria jacobina. Los responsables de tal galimatías, dirá, son los catalanes en la medida que esperan preservar, contra toda lógica, el fuero y el güevo. Es de todo ello que derivaba la sentencia que da título a mi colaboración en las jornadas madrileñas: “Son los catalanes aborto monstruoso de la política. Libres con señor; por esto el conde de Barcelona no es dignidad, sino vocablo y voz desnuda”.
Contenía la diatriba quevediana, por lo demás, un argumento que conviene retener. Los catalanes son muy amigos de la Francia, son de un afrancesamiento chantajista. Se juntan con lo peor del otro lado de la frontera, lo más ajeno al alma peninsular, y si no se les da lo que quieren –si no se les reconocen los privilegios que demandan- amenazan con irse con el rey de Francia. “Dejábanse gobernar de las conciencias de los bandoleros, cuyo número es el mayor y más bien armado, el grueso de ellos gabachos y gascones, y herejes y delincuentes de la Lenguadoca. Al fin, plebe sobrada de Francia y desecho aun de los ruines de ella. Estos, oprimiendo la nobleza y los eclesiásticos y magistrados, arrebataron en furor la liviandad del pueblo”.
Es la de traidores a la patria común y la de vendidos a Francia un aval para dar consistencia al temor a la secesión –por la vía de la absorción, o el de la república tutelada. Un miedo que no conseguirá amansar del todo la aportación a la resistencia contra el invasor francés, en 1808. Un peligro que, sensu contrario, los catalanistas no dejarán de estimular en el imaginario de quienes los ven con hostilidad. Lo harán alimentando vanas ilusiones occitanas, desde la Renaixença y también en pleno siglo XX; lo harán asegurando, en tiempos del modernismo literario y de la independencia cultural, que La lumière nous vient toujours du Nord, lo harán cuestionando siempre el Estado-nación liberal como marco de organización de la sociedad y la cultura y mostrando un singular grado de francofilia en las guerras civiles europeas.
De esto hablaré en Madrid, y por ello no volveré a este blog hasta el próximo domingo.
Un abrazo catalán.

Tras leer este artículo me convenzo más todavía de que Quevedo es el autor mas lúcido de toda la literatura española.
¿Verdad?
Hay que leer todo el escrito de Quevedo titulado :”La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero” para comprender como son realmente los catalanes. .Sobre todo el nacionalista catalán. Poseen un despiste histórico que les ha hecho mucho daño psicológico. En más de una ocasión han preferido aliarse a Francia contra España y nunca el país vecino les ha beneficiado, sino que les ha perjudicado mucho más que la “odiada España.” Soy catalán (charnego para que se me entienda) y mueve a risa muchas opiniones que vierten cuando hablan de España. Ni conocen España, ni la quieren conocer y creo que en ocasiones no conocen su propia historia idealizándola de un modo enfermizo. Ortega tenía razón cuando le decía a Azaña que el problema catalán se solucionaba con una especie de “Conllevancia”. Y en 2009 Quevedo resulta de una actualidad acertadísima.
Pues yo, despues de leer este articulo, pienso, y con más razón, que desde fuera de cataluña se habla sin conocerla y con odio inyectado por razones personales y egoistas que no tienen nada que ver con la realidad, pero que sirven como excusa para conseguir otros fines, aún a costa de la imagen de inocentes. En la alemania nazi hicieron, sino lo mismo, algo parecido (peor por supuesto), con los judios. Lo cierto es que lo mismo que hizo en su dia Quevedo es lo que Aznar y los que le han seguido han hecho: busca una “cabeza de turco” a quien “cargar con todos los males de la patria” y manipular la opinion pública, que como queda claro en los comentarios anteriores es muy influenciable y “ciega” para todo lo que no respalde la tesis que le presentan sus “padres de la patria”. Esto es, Quevedo en su dia y Aznar en la actualidad, sin desdeñar a “Paquito”, Francisco Franco para quien no lo haya entendido, y otros tantos amantes de Cataluña.
Por cierto, en Cataluña se habla muy poco de España y muy, pero que muy poco de manera despectiva, aunque de todo hay, por supuesto. Lo que si es cierto, es que conocemos mucho mejor los catalanes España, que los españoles (los españoles no catalanes, se entiende) a Cataluña, y a esta falta de conocimiento se debe seguramente la falta de consideración al ofender continuamente a Cataluña o a los catalanes como en los comentarios anteriores (incluso de uno que se denomina a si mismo catalan “charnego”). Mis cuatro abuelos eran todos de fuera de cataluña, como seguramente la mayoria de las nuevas generaciones. Pero no solo eso, Barcelona y toda Cataluña en menor medida, durante toda su historia se ha nutrido de gentes de todas partes, por lo que seguir esgrimiendo los mismos argumentos respecto a la manera de ser y de comportarse de los catalanes de hoy con respecto a los catalanes de la epoca de Quevedo, si nos paramos a penserlo, es como decir que los gallegos, castellanos, vascos, navarros, asturianos, andaluces, valencianos, etc, de la epoca de Quevedo eran como decia Quevedo que eran los catalanes, pues en gran medida, sus descendientes poblamos cataluña hoy en dia.
Para finalizar, espero que no os haya aburrido mucho, y quisiera despedirme rompiendo una lanza por el acercamiento, es mucho mas lo que nos une que lo que nos separa, de hecho solo nos separa lo que los que quieren influir el opiniones nos intentan hacer creer. No dejeis que os digan lo que teneis que pensar y que el odio que os intentan inyectar no os llegue, decid basta.
No tengo muy claro que sea cierta una de las aseveraciones. Aquella que se refiere al grado de conocimiento entre unos y otros. Por lo que se refiere al resto, amén.
Un abrazo y felices fiestas
Hola, soy de Málaga y llevo 2 años viviendo en Barcelona. Sólamente decir que durante los 3 años que viví en Londres me sentí mucho más “en casa” que en “mi propio pais”. Muy triste también la imposición neofascista que sufre esta tierra por parte de sus autoridades, en contra de la lengua española… después de haber estudiado durante años alemán e inglés, ahora resulta que tengo que estudiar una lengua minoritaria para trabajar en mi propio pais! Dejo aquí una pregunta al aire: cuando hablo con catalanes (sean charnegos o de pura raza, porque ellos como buenos racistas diferencia perfectamente entre los arios y los “impuros”) se les llena la boca diciendo lo rica que es su tierra, lo importante que han sido durante la historia de la humanidad (textualmente), lo buenos que son en esto o en lo otro… pues bien, si tienen tanto de todo y están tan orgullosos de todo lo suyo… por qué coj*nes están tan amargados, grises y tristes todo el santo día!? Realmente a mi me han convencido de que no son españoles, les falta mucho para saber disfrutar de la vida como lo haría un español.
Saludos!
Lamentable, pero cierto.
Saludos
¿De verdad eres historiador? Más bien pareces panfletario.
Quevedo, o yo ¿quién es el panfletario? Porque este post era una mera exegesis de ‘sus’ afirmaciones. ¿Entiendes la diferencia?