El tinglado de Santa Eufemia

Muñoz Molina y la España negra

Junio 14, 2008 · 18 comentarios

Antonio Muñoz Molina ha tenido a bien hacernos saber que todavía anda matando al padre. Lo ha hecho desde las páginas de ese suplemento cultural que un día lo fue, también, de libros. Siempre de los amigos de sus amigos, pero, al fin y al cabo, de libros.

Como todo buen español de ideas avanzadas ha arremetido contra los toros. Costumbre bárbara a la que su padre acudía porque no tenía otra cosa que hacer en su escaso tiempo de ocio. Afición que él, afortunadamente, nunca había hecho propia y que el tiempo, y se supone que la democracia, habían conseguido arrinconar. Pero el pasado no cesa. La España negra, la que olía a bocadillo de chorizo, se resiste a morir. Pertinaz, y contando con el concurso de intelectuales desaprensivos, revive o, por lo menos, cual cisne moribundo, lanza un último canto. Lo hace en la persona de José Tomás y, aunque Muñoz Molina los desconozca, de otros. Morante, sin ir más lejos.

Afortunadamente para eso está él. El académico, desde su púlpito sabatino, nos amonesta y nos advierte que no sigamos por ese camino. Y lo hace en español recio: despreciando lo que desconoce, sin oler a embutido grasiento, pero con esa halitosis propia de los santos laicos empeñados en hacernos mejores, o más aburridos, o más homogéneos.

¡Bien hecho! ¡Con dos cojones!

Categorías: Cultura · España
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18 respuestas hasta el momento ↓

  • Padres e hijos « Los archivos de Justo Serna // Junio 16, 2008 a 8:25 am | Responder

    [...] desde las páginas de ese suplemento cultural que un día lo fue, también, de libros”, dice Àngel Duarte en su blog. Comenta un artículo de Antonio Muñoz Molina titulado “Arte de matar“.  ”Como [...]

  • Angel Duarte // Junio 16, 2008 a 9:28 am | Responder

    Justo,
    Es posible. Vamos, te concedo sin más que mi comentario era áspero, incluso agraz…. No menos, en cualquier caso, que la diatriba antitaurina de Muñoz Molina. De él aprecio, hasta extremos fáciles de entender, su obra literaria. No toda. Opino que El jinete polaco es irrepetible. Con similar intensidad desprecio su tendencia al sermoneo en nombre de un antifranquismo ajado que cada vez explica menos de nuestro tiempo (y que además no ayuda a entender en nada la historia).
    Espero que no me incluyas en la nómina de intelectuales finolis. Que, convendrás conmigo, los hay en los dos campos. Tanto en el que disfruta con los toros (en ocasiones, porque hay tardes aburridísimas), como en el de los que andan muy disgustados por el hecho que alguien se deleite con espectáculos que desprecian.
    En cualquier caso, lo que más me disgusta es ese constante aludir, mezclando churras con merinas, a un tiempo que se fue, a una época de pobreza y de ignorancia, de curas y toreros. Eso, disculpa la reiteración, es moralismo barato que desdice de la obra del autor. Eso creo. Y, como puedes notar, con vehemencia.

  • Abate Marchena.... heterónimo de J. Moreno // Junio 16, 2008 a 12:45 pm | Responder

    Los toros no son la simbología que definen a la España negra.
    Los toros definen la irracionalidad, la hipocresía y la soberbia del habitante de una cultura del sur de Europa, de vida gris y sexualmente no satisfecha.

  • jserna // Junio 16, 2008 a 1:23 pm | Responder

    Àngel, le agradezco que me conteste un post que está ‘in progress’ en mi blog. No he acabado de escribir lo que quería escribir en los tres puntos: 0. 1. y 2. Voy rellenando. Ahora bien, los reproches que se me hagan los contestaré en los comentarios. O sea, que queda pendiente qué puedo responder a lo que hace Muñoz Molina cuando, como dice, nos “sermonea”.

    De todos modos, adelanto: ¿por qué hemos de criticar el estilo admonitorio de Muñoz Molina y hemos de dejar pasar el tostonazo protaurino de tanto intelectual supermegamoderno? En Barcelona, las autoridades locales o autonómicas –no sé– declararon la capital catalana como ciudad antitaurina: probablemente fue una decisión intervencionista y estúpida, aunque sólo fuera porque despertó de su letargo secular a una pléyade de intelectuales taurófilos que encontraron razones para largarnos el rollo del toreo. Me pasa lo mismo que con el fútbol: en este deporte-espectáculo de entrada no matan a nadie: pero sin duda que los intelectuales se sumen al fervor patriótico-esférico me produce un estupor semejante.

    Sin embargo, mi post no trata exactamente de los toros y los intelectuales, sino de los padres y los hijos: ustedes escriban de lo que quieran.

  • Angel Duarte // Junio 16, 2008 a 2:17 pm | Responder

    Justo,
    Lo de Barcelona merecería una explicación específica y larga, muy larga. Lo de los toros, no. También a mí me fatigan los cantores taurófilos. Creo que hay una diferencia… no le tildan a usted, o a quién sea, de ser una suerte de sacamantecas redivivo, o de fascista eternamente adolescente, por el hecho de no gustarle lo más mínimo o de ser indiferente.
    En cualquier caso sigo atento al tema del padre que, también a mí, me parece más fructífero.

  • Angel Duarte // Junio 16, 2008 a 2:18 pm | Responder

    Apreciado Abate,
    Le aseguro que mi sexualidad anda razonablemente satisfecha. Siempre se puede mejorar, claro.

  • Miguel Veyrat // Junio 16, 2008 a 4:36 pm | Responder

    Querido Àngel, quisiera entrar en el debate, pero como muy bien dices, no puedo hablar de lo que sólo conozco por lenta aproximación en éste deshacer tópicos en que me ocupo desde que vivo en Andalucía de modo permanente. Sólo sé que me he sentido sobrecogico de escalofríos ante algunos naturales recortados sobre el albero de maestranza en la pasa Feria de abril. He escrito un poema incluso, porque ese día en que “sentí” la realidad transfigurada, entraba Curro Romero por la puerta grande de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Ysabel de Hungría, con todo derecho, a mi parecer, y quise celebarlo con música de palabras

  • Angel Duarte // Junio 16, 2008 a 5:24 pm | Responder

    Querido Miguel… Es que no hay más que lo que dices. Podemos ponernos trascendentes o quedarnos con el momento en el que forman uno solo, padre e hijo, hombre y mujer, toro y torero, … Es únicamente una emoción y a veces es sólo un instante. Pero cuando pasa..

  • miguel veyrat // Junio 16, 2008 a 6:25 pm | Responder

    Exacto, y a mí me ha pasado:

    El misterio intolerable de las falenas

    II
    Agnosco veteris vestigia flammae
    Virgilio
    Eneida
    (Libro IV, 22)

    … presientes que en las almas se esconde/
    la luz de algunos seres que nunca
    acaban de morir, /pero iluminan
    mentes que no sabrían —como sombras/
    sin sol propio, vivir solas
    en la plenitud de los jardines. /
    Así al caer la noche se puebla de falenas
    la vertical cintura de un torero,/
    para encontrar el misterio de la muerte /
    que late en los lentos naturales
    de una sonata —lidia de un toro bravo /
    que sangra en claroscuro, como
    una más entre las bellas artes./
    Los labios pálidos llamarán
    entonces a los toreros muertos, /para que intenten suscribir los versos escritos hasta hoy sobre la arena. Porque/
    aún precisamos entender el rito
    de su luz en el aire—contrapunto/
    en la noche de lechuzas blancas,
    señales de la llama antigua:/ Insondable
    pregunta sin respuesta todavía./
    ¿Habrá que regresar hasta el jardín cerrado/
    para sentir lo nuevo estremecerse?

  • miguel veyrat // Junio 16, 2008 a 6:27 pm | Responder

    Exacto, y a mí me ha pasado:

    El misterio intolerable de las falenas

    II
    Agnosco veteris vestigia flammae
    Virgilio
    Eneida
    (Libro IV, 22)

    … presientes que en las almas se esconde
    la luz de algunos seres que nunca
    acaban de morir, pero iluminan
    mentes que no sabrían —como sombras
    sin sol propio, vivir solas
    en la plenitud de los jardines.
    Así al caer la noche se puebla de falenas
    la vertical cintura de un torero,
    para encontrar el misterio de la muerte
    que late en los lentos naturales
    de una sonata —lidia de un toro bravo
    que sangra en claroscuro, como
    una más entre las bellas artes.
    Los labios pálidos llamarán
    entonces a los toreros muertos, para que intenten suscribir los versos escritos hasta hoy sobre la arena. Porque
    aún precisamos entender el rito
    de su luz en el aire—contrapunto
    en la noche de lechuzas blancas,
    señales de la llama antigua: Insondable
    pregunta sin respuesta todavía.
    ¿Habrá que regresar hasta el jardín cerrado
    para sentir lo nuevo estremecerse?

  • miguel veyrat // Junio 16, 2008 a 6:29 pm | Responder

    No sé por qué cogno ha aparecido tres veces el poema: juro que no es vanidad. Sólo intenté corregir un “todavía” último que se había colado en el texto… ¡Ah, duendes de los talleres cibernéticos!

  • Angel Duarte // Junio 16, 2008 a 6:47 pm | Responder

    Este tinglado de los co…ones que tantos quebraderos de cabeza internáuticos me está dando, acaba de adquirir sentido. Mil gracias y un abrazo muy fuerte

  • Abate Marchena.... heterónimo de J. Moreno // Junio 16, 2008 a 7:50 pm | Responder

    Hasta un poco antes de los veinte años tuve fascinación por los desfiles militares, el fútbol y las grandes concentraciones de masas.

    Cuando veía reportajes sobre el documental de la Leni Riefenstahl disfrutaba con su gran estética de las masas en movimiento.

    Tras emigrar a Catalunya e ir tomando conciencia de mis inclinaciones, llegué a la conclusión que estaba castrado por la cultura recibida.
    Un entorno embrutecedor, violento, de admiración hacia el fuerte y desprecio al débil provocó en mí un giro de 180 ºC.

    Con lo toros ocurrió algo parecido. La falsa estética del arte del toreo y el valor del mismo es una falacia inventada por los cínicos de la cultura cutre española.
    Lo que más asco me da es el mundo interno de los aficionados. Tendríais que asistir a reuniones de peñas taurinas.

    Viví hasta los 15 años rodeado de aficionados de toros y fútbol.

  • Angel Duarte // Junio 16, 2008 a 8:07 pm | Responder

    Eso, lo de vivir hasta los 15 rodeado de aficionados a lo que sea, marca, sin duda. Ahora bien, como antes lo de la sexualidad, un pelín exagerado. Sobretodo lo de la Riefenstahl… Vamos, como que me temo que Hitler era antitaurino y a nadie se le ocurrirá sacarlo a colación.
    No pienso asistir en mi vida, toco madera, a una peña taurina; pero no me importa -por el contrario, me entretiene- charlar amigablemente con mi suegra o mi cuñado del tema. Si se tercia. Sin obsesiones. A veces -y de escondidas- con colegas de Facultad, en ocasiones con amigos de toda la vida.
    Y, por último, en ese cortar lazos con el pasado y nacer a una nueva vida ¿no te habrás dejado por el camino algo? ¿no te habrás cerrado puertas?
    De nuevo, un abrazo, ABATE

  • Miguel Veyrat // Junio 16, 2008 a 10:27 pm | Responder

    Yo le aconsejaría al buen abate relajarse, comprarse un buen tendido del 7 para un cartel de tronío, jugársela, porque le puede salir una mansada y una tarde donde vuelen los grajos bajos. Pero si tiene suerte, puede asistir a un drama emocionante y único, que no olvidará en su vida. Lo que debe olvidar es lo “aprendido”, sobre todo de boca de otros. Gansos.
    Abrazos.

  • Abate Marchena. // Junio 17, 2008 a 12:43 pm | Responder

    Muchos de los sentimientos humanos son ambivalentes. Quiero decir que de manera inconsciente, uno tiene atracción hacia algo por que si ha producido placer en tiempo pasado, el impulso para repetirlo perdura.

    Me evado con la música, el juego, la lectura, pasear……
    Los toros me lo tengo censurado querido amigo.

  • Miguel Veyrat // Junio 17, 2008 a 1:22 pm | Responder

    Peor para usted. La autocensura es “pecado de soberbia”, que diría su director espiritual, mossen abate.

  • José Tomás, el libertario « El tinglado de Santa Eufemia // Marzo 16, 2009 a 4:27 am | Responder

    [...] Si hablásemos de Morante, lo haríamos de poesía, probablemente. [...]

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