Cataluña ya no es lo que era. Albert Pla, hace unos pocos años, lo anunció con voz escasa pero profética. Lo hizo al cantar -es un decir- aquello de ” papa jo vull ser torero / papa jo vull matar toros / papa jo vull saltar ruedos / ai papa jo vull ser torero / i el pare es desesperava / ell que era tan honorable / potestat de la sardana / de les lletres catalanes”.
No quiero reincidir en el argumento toreril -qué de disgustos me ha dado. No. La cosa es mucho más grave. Durante décadas los catalanes nos hemos preciado de desenvolvernos con eficacia al margen del Estado. Me refiero a las estructuras administrativas del mismo, porque en las políticas era evidente que no nos dejaban entrar. Juan Prim o Laureano Figuerola, Laureano López Rodó o Pedro Gual Villalbí o no serían catalanes, o no lo eran de verdad -como Bernardó o Serafín Marín, toreros de postín. Disculpen, pierdo el hilo con una facilidad…
Insisto, no es de esa cuestión que quería hablarles -ni de la torera, ni de la política-, sino de la ausencia de vocación funcionarial y del carácter genuinamente capitalista que derivaba de nuestro Volkgeist particular. Nacíamos para crear empresas o, en caso alternativo, para procurar por ellas con el esmero de quien tiene entre manos un bien propio. La sociedad civil, dinámica, potente, orgullosa de ella misma, se sobraba y se bastaba para alimentar nuestro ego, forjar nuestra identidad y asegurarnos un porvenir. Eso… y un mercado cautivo. Inelástico, pero cautivo.
En realidad, las cosas no es que realmente fuesen así. Basta leer el último trabajo de David Martínez Fiol, Estatisme i antiestatisme a Catalunya (1931-1939) para constatar que, como mínimo en el primer tercio del Novecientos -es decir, hace ya un siglo-, la potencia de las lógicas funcionariales en todo el abanico de corporaciones presentes en el tejido social y económico era brutal. Vamos, como en todas partes. Y que, además, esas expectativas/exigencias de profesionalización en el sector público, particularmente sentidas entre los jóvenes de comarcas desplazados a la gran ciudad, estuvieron estrechamente conectadas con la eclosión del nacionalismo radical. Tanto en los años de la Mancomunitat como en los de la Generalitat republicana.
Que las cosas no fueran así, que no fuésemos el ideal tipo weberiano del burgués, no quiere decir que la leyenda no resultase operativa. Aunque fuese eso -para desesperación de Francesc Cambó, como ya señaló Enric Ucelay Da Cal-, puritita leyenda. No obstante, cada vez es más difícil de sostener.Según los datos estadísticos oficiales, en el primer trimestre de 2008, 357.900 catalanes figurábamos como trabajadores en el sector público, para un total de menos de tres millones de asalariados. Algo así como el 12,2% En Andalucía están, sólo, entre 3,5 y 4 puntos por encima. ¡Nos vamos acercando!

En realidad el Estado de las Autonomías, y en particular la Generalitat, nos han desnaturalizado como nación. Si Valentí Almirall levantara la cabeza no sabría a qué país habría ido a parar. Para que vean que, como dijo el filósofo libre, “todo vuelve”, les propongo el juego de descubrir, en un retrato de ayer mismo de la nueva ejecutiva de ERC, quienes de los fotografiados son funcionarios, y quienes se lo están pidiendo con alegría.
Fdo. ADM. Un funcionario, por la gracia de Dios, servidor de ustedes.
5 respuestas hasta el momento ↓
jserna // Junio 17, 2008 a 6:53 pm |
Al habla, otro funcionario. Estoy corrigiendo exámenes y me he dado un respiro visitando este distinguido blog. Aparte de la cosa paradójicamente weberiana (¿hay un tipo ideal catalán, o es un genotipo o un fenotipo?), con un post realmente ingenioso y demoledor, me ha conmovido la referencia a Albert Pla. Lo he escuchado muchas veces. Me gustan particularmente algunas de sus canciones. ¿El casuante? Mi hijo mayor, claro. Gracias a él, he podido descubrir a un chansonnier verdaderamente creador: no en todas sus letras y músicas, pero sí en algunas de sus canciones más ocurrentes. La versión española de ‘Walk on the wilde side’ es, por momentos, equiparable a la de Lou Reed. Parece mentira que pudiera hacerse tan bien. Y eso que no es su mejor canción.
Padres e hijos « Los archivos de Justo Serna // Junio 17, 2008 a 7:09 pm |
[...] es desesperava / ell que era tan honorable / potestat de la sardana / de les lletres catalanes”. Leer más. Albert Pla. Escuchar Papa, jo vull ser torero. Escuchar El lado más bestia de la [...]
Miquel Saumell // Junio 17, 2008 a 7:24 pm |
Un artículo muy oportuno, si señor. Y no sabes bien lo que lamento que sea así y que en esto nos vayamos pareciendo cada vez más a otras zonas conocidas por su excesiva subvención pública y “funcionarización de la sociedad”. La tasa que das del 12.2% es para ponerse a meditar. Ya sabes que mi tesis es que cuantos más funcionarios hay en un lugar peor van las cosas, y tú como funcionario ilustrado que eres no creo que puedas negarlo. Funcionarios han de haber, sí, pero los menos posibles. Incluso estoy convencido de que la universidad pública funcionaría mucho mejor si sus empleados no tuvieran la consideración de funcionarios con la seguridad de un puesto de trabajo asegurado de por vida. Perdona pues te afecta directamente, pero yo esto lo veo demencial.
PS: Àngel, veig que vas provant noves aplicacions del wordpress. Amb tants canvis i “tunejats” que ens fas al teu blog, cada cop que hi entro fins que no llegeixo el títol penso que m’he equivocat de lloc.
Angel Duarte // Junio 17, 2008 a 7:55 pm |
1.- Lamento, de tot cor, les incomoditats derivades de la meva incompetència/inseguretat en matèria de blogs i formats. No tornarà a passar!!!
2.- A mi, querido Miquel, lo que me afecta es la imposibilidad de encontrar -en lo mío- un trabajo alejado de la condición funcionarial. Me apasiona enseñar e investigar en historia, y no pienso renunciar a ello… Me encantarían dos cosas:
a) que las universidades privadas fuesen más ambiciosas, y exigentes, menos ideológicas y más abiertas a la libre circulación de ideas, en el campo de los estudios de humanidades.
b) que, en las públicas, a los funcionarios no se nos exigiesen más horas de despacho, inútiles y caprichosas, más presencia en engorrosas y bizantinas reuniones, sino… más publicaciones, más conferencias, más investigación, mejor docencia.
Agree with you!
Y reitero disculpas iniciales
Miquel Saumell // Junio 17, 2008 a 8:03 pm |
Agree with you, too. Y lo del tuneado no era ninguna queja, solo un simple comentario sin más.