Todo esto, y mucho más, me pasó ayer por comprar, y leer, El PAÍS.
En realidad, mi intención primera era hacer un sentido elogio hacia un político por el que siempre he tenido un gran respeto. Me refiero a Raimon Obiols. Una admiración equivalente a la coherencia y rigor que ha marcado su ya larga trayectoria pública. Me parece, de los escasos dirigentes socialistas a quienes dentro de unos años habrá que releer para procurar entender qué pasaba en los tiempos de la transición. Como mínimo, en Cataluña. Es de los pocos diputados europeos que combina, sin aspavientos, la reflexión intelectual con la acción institucional. Cierto, tengo, como ciudadano, cosas que recriminarle. Por ejemplo, una notable incapacidad para articular un patriotismo catalán de carácter no nacionalista. Algo que, creo, hubiese sido no sólo posible sino tremendamente beneficioso para la convivencia hispánica. En todo caso, y junto a Josep Borrell, otro político serio dentro del socialismo español, acaba de protagonizar un bello gesto al no aceptar la nueva normativa europea sobre la inmigración ilegal. A ésta hay que controlarla y combatirla. La cuestión es, y así lo advirtieron Jacques Delors y Michel Rocard con claridad meridiana, con qué medios. Los propuestos son, se ponga como se ponga Rodríguez Zapatero, el mismo de las regularizaciones masivas, poco europeos por no decir que miserables.
Ayer me animó en ese propósito inicial la lectura de un par de artículos inteligentes, el de Soledad Gallego y, sobre todo, el de Jorge Volpi en el periódico. Hay un claro paralelismo, que espero poderles explicar este fin de semana, entre las migraciones que partieron de nuestras costas y puertos y las que ahora llegan a nuestras playas y aeropuertos. Un paralelismo que no hace sino poner de relieve lo desacertado, en mi opinión, de la iniciativa legislativa. Pero entonces, y tras un breve momento de vacilación al constatar que Jeremy Rifkin, el mentor de Al Gore y de ZP, insiste en responsabilizar del cambio climático a las vacas y sus ventosidades – ¡en realidad a nosotros por comer carne!- llegué a la última página. Y allí me tropecé con el gran moralista. Leo a Millás y me pregunto de qué lado estoy. ¿Del de Obiols y del de Borrell? ¿Es el mismo terreno que pisan gente como Millás?
Hay una cierta izquierda intelectual que cuando un Parlamento toma decisiones que no le gustan equipara a la cámara legislativa con un burdel, que cuando en Bruselas se aprueba una legislación relativa a la jornada laboral de 65 horas alude a ella tal que a una corte de pedófilos. No sólo no es decente sino que es irresponsable e impresentable. Uno llega a preguntarse ¿qué diferencia hay entre los modos de Millás y, por poner un ejemplo clarito, los de Jiménez Losantos? Hay una izquierda que, en sintonía con Rifkin, parece dispuesta, para salvar al mundo, a alimentarse de los excrementos de las vacas. Yo, por ahí, no paso. Lo siento, Raimon.
3 respuestas hasta el momento ↓
Miquel // Junio 28, 2008 a 7:46 am |
Te preguntas muy oportunamente de qué lado estás, si del de Millás o del de Losantos. Pero vienes a dar por sentado (o así lo interpreto) que solo hay dos lados para escoger. Yo lo veo diferente y en el caso que planteas lo tengo más que claro: ni el uno ni el otro. De lados hay muchos y de hecho nunca he entendido que si uno pertenece a un determinado club político (socialistas, populares, convergentes o cualquier otro) tenga que aceptar toda la “doctrina” emanada de sus cúpulas dirigentes. Siempre hay matices, y siempre habrá opiniones divergentes. Esta sería una de las razones, existen otras, por las que aquellos que pretendemos tener opinión propia nunca podremos afiliarnos a un partido; yo al menos no conozco ninguno que conceda la libertad de voto salvo en casos muy puntuales, para cubrir las apariencias y para que no sea dicho. Y quien decide los temas sobre el que hay que conceder libertad de voto? El politburó. Soy consciente de que el mío sería un excelente ejemplo de una opinión a todas luces políticamente incorrecta.
J. Moreno // Junio 29, 2008 a 8:43 pm |
En el anterior escrito se recoge parte de la respuesta a la pregunta del Sr. Duarte sobre la inocente pregunta del día 27: ¿Hay democracia sin partidos?
Hoy yo le insertaría otra: ¿ hay democracia en algún estado europeo?
Vacas « El tinglado de Santa Eufemia // Octubre 3, 2008 a 6:43 am |
[...] y, alternativamente, satisfacer, en la medida de mis posibilidades, la demanda. De hecho, creo que sólo hay un post en este blog en el que aparezcan vacas. Además, en un totum revolutum que tales rumiantes no se merecen. Es por ello que, en desagravio y [...]