El tinglado de Santa Eufemia

Silencios

Julio 3, 2008 · 2 comentarios

En plena oleada de entusiasmo patriótico por la más común de las lenguas que en el mundo han sido -no me continúen hablando de derechos ciudadanos, por favor, no me tomen por gilí- me permito hacer una crítica amable y ligera al Diccionario de la RAE. Lo haré en referencia al sustantivo silencio. Efectivamente, si tienen a bien consultarlo verán que el diccionario asocia silencio con faltas, ausencias y abstenciones, con omisiones, pasividades y represiones. Sean personales o protagonizadas por las administraciones. El silencio, castra. Curioso. Hay silencios criminales, y de ellos ya les he hablado en esta misma dirección, pero ¿no echan en falta alguna referencia académica al potencial liberador, o simplemente constructivo, del silencio?

En muchas ocasiones la memoria colectiva está hecha de silencios. Incluso podría decirse que en el recuerdo que se transmite pesan más que las palabras. He pasado, como habrán notado, de aprendiz de semiólogo a historiador. Necesitaba sentirme algo más seguro. En lo que el padre no dice al hijo, o la abuela a la nieta, hay más verdad, dolorosa e impenetrable para todos los actores -el emisor y el receptor-, que en la alagarabía de las llamadas políticas de memoria. También en el lento fluir de recuerdos callados, en la contemplación silente del ayer, ha tenido cabida el mito. Por recordar, los más obvios y recientes, los de la Segunda República, el de la escuela emancipadora o el de la libertad recién estrenada, en todos los terrenos, para todos los días. Frente al cura y el cacique. La realidad no fue exactamente así. Fue, claro está, más compleja. Ahora, y no pocas veces, la ruptura del silencio, contra la intención de los que hablan, no consigue otra que romper el espejismo.

A pesar de todo, y precisamente por su naturaleza íntima, individual, esa memoria velada resultaba, al fin y al cabo, liberadora. En España, el país de las pulsiones libertarias que fascinaban a Albert Camus, se ha acabado imponiendo la trompetería postestalinista, el ordenancismo lingüístico de los nacionalistas y la bulla de los manifiestos.

Coda: Para aclarar lo de gilí. Si hablamos de derechos individuales es literalmente absurdo remitir a la idea de comun(idad) y, de momento algo más de tapadillo, de territorialidad. Querido don Fernando, una oración es verdadera si y sólo si es satisfecha por todas las secuencias de nuestro Universo de discurso. No es el caso. Y, lo que es peor, puede que don Arcadi no pero… usted sí que lo sabe.

Categorías: España · Pasado y presente
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2 respuestas hasta el momento ↓

  • Miguel Veyrat // Julio 3, 2008 a 7:33 am | Responder

    Hermosa reflexión sobre el silencio, ente del que es metáfora hondísima la poesía: Y la música, su componente fundamental junto al pensamiento metafísico.

  • Angel Duarte // Julio 3, 2008 a 8:30 am | Responder

    Compruebo, una día más, que eres hombre tempranero. Mil gracias por la glosa.

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