Periodismo de campaña, periodismo de partido
La España de la transición fue una época en ciertos aspectos mejor que la que estamos viviendo. Por ejemplo, en materia periodística. Hoy en día cuando uno abre un periódico ya sabe qué se encontrará; o, como mínimo, puede intuirlo. Tendrá usted sobresaltos, pero escasos estímulos. El diario se ha convertido en un abrevadero de aguas perfectamente reconocibles. Es una lástima.
Al escribir “periodismo de la transición” pienso en el Madrid de Informaciones o, con características bien distintas, en la Barcelona del matutino La Vanguardia, dirigida por Horacio Saénz Guerrero, o del vespertino TelExprés, o… pongan aquí ustedes la ciudad y la cabecera que recuerden con cariño. Lo cierto es que ese tiempo fue efímero. Fue un momento en el que los periodistas exigían poder serlo.
Seguro, algunas cabeceras persistieron, y persisten, en el empeño de continuar ejerciendo como espacios de encuentro y como marcos de referencia. Sin embargo, en seguida reaparecieron el periodismo de partido y el periodismo de campaña -uno y otro, periodismos de empresa- , el que imparte doctrina y el que envenena el ambiente, el de la superioridad ética y el incendiario. Son tan antiguos, los dos, como el periodismo español. No han surgido de la nada. Vienen de antes, de mucho antes. De la noche de los tiempos. Ahora, además, se han puesto al servicio de criterios propios del mundo de los negocios, y no de la información. Rinden dividendos administrando moralina o escándalo.
El fenómeno es global. Los matices, hispánicos.

Bon dia Àngel!
Según como se lea tu comentario, nada ha cambiado en el mundo del periodismo. Pero según como se mire o, para ser más preciso, tal como yo lo veo, lo que está cambiando es el propio concepto del periodismo y el nuevo mundo de la información. Pareces olvidar el mundo informativo digital, que ya no es solo una espectativa de futuro sino una realidad tangible. No me refiero a la edición digital de los periódicos clásicos que, en la mayoría de los casos, no dejan de ser simples lavados de cara de unos medios que siguen siendo antiguos y obsoletos, y nada atractivos para las nuevas generaciones. Hablo de la propia concepción del término “información” en el siglo XXI. Los blogs y su imparable evolución tecnológica, por ejemplo, no solo aspiran a complementar unos medios ya existentes sino que más pronto de lo que podamos imaginarnos pasarán a tener un protagonismo principal en detrimento de los medios tradicionales que, como no cambien el chip con urgencia, entiendo que tienen los días contados. No quiero dar una imagen catastrofista, creo que simplemente soy realista.
Molt bon dia! Yo es que debo ser de otra época, pero todavía necesito ojear el diario, doblarlo, que me ensucie las manos. Ahora que lo pienso, debe ser un vicio.
Abrazos
Querido Àngel,
La impresión subjetiva creo que refleja una realidad histórica cierta, globalmente. En detalle, la cosa tiene muchos matices Mucho Más negros y poco amables.
Q.-
PS. En el terreno apocalíptico… el lector de periódicos (papel) “invertía” un tiempo relativamente largo en pegar un vistazo y leer algo; el lector de medios online (¡y no digamos blogs!) apenas mariposea, mira muchísimas cosas, pero leer muy pocas… las estadísticas se cuentas en minutos muy cortos.
Querido Q.-
Me temo que ambas reflexiones estén en lo cierto. La de que si ahondásemos en el tema lo que nos encontraríamos sería peor… aunque algún día habrá que hacerlo. Y la de que los consumidores, en éste como en tantos otros ámbitos, no dejamos de tener un elevado porcentaje de responsabilidad en el deterioro ambiental.
El problema en relación al primero de los aspectos es que, probablemente, obligaría a revisar las miradas más (auto)complacientes para con la transición. Toda ella. No sólo la periodística. Un éxito, no me cabe duda, pero cargado de miserias -como cualquier proceso histórico, por otra parte.
Un abrazo
adm
Desde los sótanos de esta sociedad en ruinas, aparecen unos francotiradores que apuntan al corazón de la misma:
http://messageinout.blogspot.com/