Fronteras y cortesías
San Vicente de Alcántara, provincia de Cáceres. Aparentemente, una frontera. En realidad, el paisaje desolado ha quedado atrás, hace ya algunos quilómetros, en pleno territorio español. Las jaras han dado paso a las coníferas. Cuando llega la hora de la línea administrativa ésta no altera el paisaje. Por lo demás, estamos en Europa, y ya no hay límite; aunque queda una cicatriz allí donde antes lo hubo. Las instalaciones aduaneras, desorbitadamente grandes para lo que siempre habrá sido el tránsito humano y comercial, restan en pie. La vegetación y la herrumbre les van ganando terreno. Las deterioran. Lo que la indolencia de las administraciones ha dejado ahí, está siendo ganado por la naturaleza, o por el simple paso del tiempo.
Comida en Abrantes, en pleno Alentejo. La pitanza correcta. La buena educación del camarero sorprendente.
Sin aspavientos. Bueno, será el azar, nos decimos; aunque al salir del local nos saludan con una amabilidad inusual en casa. En los peajes de la autopista, ¡Boa tarde! y ¡Obrigado! Por la noche aterrizamos cansados en Braga. Preguntamos a un señor por el hotel. Debate con un contertulio. Complicado, muy complicado. Nos pregunta si tenemos GPS. Le decimos que no. Raudo, se instala en su coche y nos insta a seguirle. Ha decidido hacernos de GPS. ¡Ésto ya pasa de la raya! Hacía tiempo que no veníamos a Portugal. Habrá que venir más a menudo. ¡Qué lejos nos queda en materia de cortesía! Seguro que habrá casos y casos, pero en esto de la boa criança se sigue notando la frontera.


Mis repetidas experiencias tras varios viajes a Portugal en los últimos años me dice que la cortesía y educación de los portugueses están netamente por encima de lo que tenemos por aquí. Buen viaje!