Carta abierta a EHB
El entusiasmo de penúltimos días para con el manifiesto por la lengua común me mueve a dirigiros una breve nota. En cierta medida me siento muy obligado con todos vosotros, y muy concretamente contigo, su fautor principal, por las grandes tardes, y algunas mañanas, que me venís dando.
Los manifiestos me producen hastío. Sólo hubo uno que, de jovencito, me llamó la atención. Aquél que empezaba “Tant va la croyance à la vie, à ce que la vie a de plus précaire, la vie réelle s’entend, qu’à la fin cette croyance se perd”. Pero más, si cabe, me perturban los manifiestos nacionalistas. Los mayoritarios y los minoritarios, los armados y los desarmados, los catalanes y los españoles, los militares y los cívicos, los constitucionales y los inconstitucionales, los de a pecho descubierto y los banales, los que combaten por independencias y los que aplauden las dependencias, los que quieren crear fronteras nuevas y los que defienden las existentes. En buena medida la causa es que todos, todos sin excepción, los de quienes no sienten la más mínima dosis de empatía para con un idioma -lo que en buena medida significa una cultura- en precario, los de quienes son incapaces de atender a los derechos de los padres de escolarizar a sus hijos en la lengua que quieran, segregan una gran cantidad de cera. Toda ella, por cierto, depositada en el interior de las orejas. En general tiene, el cerumen, un efecto equivalente: hace inaudible la complejidad de los matices, el registro de acentos que se oyen en el ambiente si uno tiene el pabellón auditivo en buenas condiciones. Por lo demás, esa sustancia viscosa acaba pasando a órganos próximos: paraliza la lengua y permite moverla en una única y exclusiva dirección. Todos, aunque se oculten tras gloriosas palabras, no aspiran a otra cosa que a la unanimidad. Quieren que se les dé la razón… mejor dicho, toda la razón. Y eso, amigo, es imposible. Por cierto, si les adviertes que en su argumento tiene un peso determinante la identificación entre derechos lingüísticos/territorio/administración te tachan de imbécil. Todos. Todos lo hacen. No se dan las excepciones. Cuando uno impulsa un manifiesto entra en combate. Las dudas sobran. En otros tiempos hubiesen dicho que son cosa de nenas.
En fin, apreciado EHB, en última instancia lo que me pasa en relación a los manifiestos es que, como a A.B. en 1924, “Certes, je ne crois pas à la vertu prophétique de la parole (en su caso, surréaliste)”. El susodicho acabó sucumbiendo a la fascinación de los grandes nombres y de las ideas-fuerza y, en consecuencia, pasó a mear fuera de tiesto.
Un abrazo discrepante
P.D. primera: Probablemente, lo de mear André empezó a hacerlo en el exacto momento que concibió como manifiesto lo que se abría de manera tan hermosa.
P.D. segunda: Espero que se cumpla la ley, que se acaten las decisiones de los tribunales y que, como mínimo, en septiembre la tercera hora en castellano sea un hecho. Lo espero… aunque me tema lo peor.
P.D. tercera: Probablemente sin la posdata que tú incluiste, me hubiese quedado callado.

Et recomano l’article de l’Antoni Puigverd de La Vanguardia d’avui