Los poetas fueron determinantes, a lo largo del siglo XIX, en la construcción de las naciones. Lo sabe casi todo el mundo. Cantaban al amor, a la patria y a la fe. Se explayaban en juegos florales cuando no iban a otros países a liberarlos de oprobiosas dominaciones extranjeras. Vamos, eso lo hacían los más decididos, los ingleses. En Cataluña, por el contrario, los poetas nacionales a la máxima experiencia a la que aspiraron fue a la posesión diabólica y el exorcismo. En cualquier caso, tanto aquí como allá los había del género progresista y otros decididamente reaccionarios. Estos últimos odiaban, en la misma medida que temían, a la nueva sociedad liberal.
Pues bien, el Señor nos lo dió, el Señor nos lo quitó.
Inventar un país es una tarea sutil, donde hay que cuidar los detalles, las estructuras -aquí el cartón, allá la piedra- del decorado, la puesta en escena, el oleaje del telón atravesando los bastidores, el atril encendido, el patio radiante de butacas y la penumbra servil y ruidosa del gallinero. Todo está estudiado con mimo. La pantomima exige el ritual de los gestos al aire y las poses artificiales con que aplacar el suplicio y la incredulidad, la liturgia de los siglos vencidos por el paso marcial de las generaciones al compás de la ignorancia. O de la supervivencia. Quién lo sabe.
¿Quien ha dejado para la posteridad tan esclarecedora fórmula sobre qué es eso que los teóricos llaman Nation-building? ¿Benedict Anderson, Ernst Gellner, E. J. Hobsbawm…? No. Juan Planas Bennásar. Es decir, un señor que es un poeta. Aunque no sé yo si el vate hubiése podido encontrar la fórmula exacta sin la previa labor desbrozadora de historiadores, antropólogos, sociólogos,… La ciencia quizás no preceda a la filosofía o al arte, pero siempre es buena compañía. Por lo demás, si los poetas se ponen -aunque sea ejerciendo de columnistas y asegurando que de su oficio primero no esperan gran cosa- a deconstruir la nación, los patriotas estarán perdidos, se quedarán a oscuras.
Ni que decir tiene que el case study es el mallorquín y, por extensión, el baleárico.
Para más información diríjanse, en su conjunto, a La telaraña.
17 respuestas hasta el momento ↓
Miguel Veyrat // Septiembre 14, 2008 a 9:03 am |
Los países fueron inventados por quienes se apoderaron de sus territorios por las armas, les impsieron su religión, derecho, costumbres y hasta aveces la lengua. Los poetas sólo le pusieron la música. Y los historidores, las mentiras dictadas por los padres fundadores.
Angel Duarte // Septiembre 14, 2008 a 10:15 am |
¡No desmerezcas a los poetas! ¡Sin épica no hay nación! Habrá otra cosa, pero nación….
Miguel Veyrat // Septiembre 14, 2008 a 10:55 am |
Por supuesto, olvidé añadirlo: tantas naciones tienen un himno épico fundacional, o una saga o… Lo que quería decir es que los poetas, como las putas y los notarios, que eran los historiadores de su tiempo, seguían lealmente a los ejércitos en las carretas de la retaguardia. Otra cosa es la poesía lírica: por eso la odiaba Platón, libre y salvaje nadie puede reducirla ni dictarle lo que debe o no debe decir…
Juan Planas // Septiembre 14, 2008 a 10:58 am |
Ah, por una vez dos comentarios simultáneamente ciertos… y hasta demostrables! Saludos.
Angel Duarte // Septiembre 14, 2008 a 11:07 am |
Muy buenos días don Juan, espero que ande usted mejor de sus dolencias. Efectivamente Miguel, las discrepancias en origen eran sólo aparentes. No hay porque castigarse, hasta ahí podíamos llegar, pero de responsabilidades en esta historia hay muchas. Y los historiadores y notarios, como los poetas, no están exentos de ellas. No sabría qué decir de las putas. Su oficio me parece, siempre desde la perspectiva erudita, más honesto.
Juan Planas // Septiembre 14, 2008 a 11:26 am |
Buenos días a ambos, queridos. Sólo dejaré unas líneas desordenadas antes de atender a la llamada de otros quehaceres mucho más prosaicos. La labor del poeta como simple médium, que yo apuntaba en el blog de Justo -y en la que no cree don Miguel-, se refería tan sólo a ese pálpito que embarga al poeta, -que sólo es poeta mientras escribe poesía y no siempre, sólo en ese instante de rapto- demostrándole su condición, no siempre consciente, de mensajero y así trasmisor de misterios que le superan, de espejismos y sugerencias que le vencen, de fuerzas que no domina ni conoce por completo. Así el poema genera en su autor una especie de trance, de experiencia íntima y a la vez colectiva, de comunión mística con… quizá con nada ni nadie. Al final, estimo -con las dudas propias del caso- que rondar el exorcismo de toda suerte de dialéctica -aunque ello implicara la destrucción del lenguaje y así de la sociedad, tal y como la conocemos, tal y como nos viene dada- me sigue pareciendo la más loable e higiénica de las tareas. Pero no esperamos nada… En efecto, la vida es un oxímoron
Angel Duarte // Septiembre 14, 2008 a 1:08 pm |
… y una tarea sutil.
marta salazar // Septiembre 14, 2008 a 3:15 pm |
muy bueno el artículo -como siempre-
veo que este blog ha cambiado completamente de formato!
un abrazo!
Angel Duarte // Septiembre 14, 2008 a 3:25 pm |
Mil gracias. Hay voces, reputadas, disconformes con el cambio. Me reservo la posibilidad de volver a la antigua plantilla si las resistencias son firmes. A ver. Yo es que soy muy nuevo en estas lides, por no saber no sabía que a mis estudiantes, el lunes, también les tengo que remitir a Planisferio!!!
En fin, ya aprenderé
Un abrazo!
Miguel Veyrat // Septiembre 14, 2008 a 5:22 pm |
Prefiero el anterior. Siguiendo con la pepla, pienso que más que medium el poeta es hermeneuta, intérprete, traductor de un texto sin original
Angel Duarte // Septiembre 14, 2008 a 5:58 pm |
En el primer punto, y ya que sólo contaba con el visto bueno de Marta, previa consulta con Adrià D., he procedido a cantar la palinodia.
En el segundo, no. Desde la condición distinta, que no del todo ajena, me permito insistir en que no hay una única dimensión en el poeta. En él reside tanto o más que la de hermeneuta -que no digo que no se dé el caso- la de mediador. Y en el plano en el que yo lo situé, tremendamente prosaico, de mediador entre las instancias de poder (a las cuales no es ajeno: anda Miguel, que no hay poetas guerreros, y soldados poetas,…) y el común de los mortales. En plata, a crear la nación se han abocado los poetas con un fervor digno de mejor causa. Aquí y en Sarajevo.
Eduardo Laporte // Septiembre 14, 2008 a 6:18 pm |
Solo comentará la forma (que aún no he entrado con el fondo): bueno, enhorabuena, todo a vuelto a su ser, después del cataclismo de las horas anteriores. Respiro aliviado y feliz.
Eduardo Laporte // Septiembre 14, 2008 a 6:29 pm |
Aquello de “hacer país” me malrrecuerda demasiado a Carod-Rovira. Pero sí, los poetas han contribuido a querer subjetivamente a esos territorios que convertimos en naciones (Lorca, Machado, Miguel Hernández). También otros aportaron su mirada crítica, en fin, los poetas hablan de casi todo y también de las naciones, ¿a qué tanto debate metapoético?
A los poetas les sobrevinieron los cantautores, que son poetas que unen el poder de la música al lirismo de las palabras. Allí están Silvio, Raimon, Lluís Llach, Paco Ibañez… Ahora noto menos cantante patriota, al menos fuera de las regiones “históricas”. En el País Vasco, los Negu Gorriak, Sutagar, Kortatu llevaron su concepto de “hacer país” hasta un paroxismo sin límites. Intragable en mi opinión.
Juan Planas // Septiembre 14, 2008 a 6:36 pm |
Indudablemente, así todo el tinglado aparece mejor dispuesto, creo:-)
Por lo demás, la palabra como arma cargada de futuro nunca me pareció más que una utilización muy prosaica del hecho poético. Me quedo con Juan Ramón y su Espacio… Saludos.
El poeta y el historiador « Los archivos de Justo Serna // Septiembre 14, 2008 a 7:44 pm |
[...] tema del médium enlazo -que ando escindido y con poco tiempo- con un comentario mío en el blog de Ángel Duarte. [...]
marta salazar // Septiembre 15, 2008 a 8:36 am |
oh!
fue la única lectora que criticó positivamente las 3 columnas?
en todo caso, el antiguo formato (más típico de un blog) es igualmente bueno
Miguel Veyrat // Septiembre 15, 2008 a 9:23 am |
Por supuesto, Eduardo, te doy toda la razón. Sólo quise distinguir entre el poeta épico, a menudo lacayo del poder, voluntaria o involuntariamente (Exemplum horribile: La Eneida del gran Virgilio no era sino un monumento consagrado a conseguir que Augusto pasase a la historia como descendiente de Eneas, fundador mítico de la gran nación romana tras su supuesto exilio tras la guerra de Troya. Virgilio, en sus últimos días quiso destruir su genial poema, por decencia, lo que afortunadamente no consiguió: así de la indecencia del “encargo” de un poderoso contamos hoy con una de las más grandes obras de la literatura mundial) y el poeta lírico, mosca cojonera precisamente del poder, pero también a menudo siervo suyo. ¿Por qué creen ustedes que los grandes sonetos de Cervantes, Quevedo, Lope, Gómgora, Garcilaso etc. iban dedicados al duque de tal o al conde de cual? No había un duro para publicar libros, sino el condescendiente gesto del mecenas arrojando una bolsa sobre el halda del pedigüeño. De poeta visto como puta podríamos hablar largo y tendido. Sí, muchos poetas han contribuído a construír naciones, y también a destruirlas. Y diría que a veces con toda razón. Pero les habla un viejo cada vez más anarquista escéptico (que no cínico) cuanto más ha ido sabiendo de las cosas de la vida y las personas…