Hay días en los que una cita, retenida en el tiempo, acaba adquiriendo un sentido nuevo, pleno. Es curioso.
Es curioso comprobar cómo los incidentes de poca monta y escaso significado prevalecen en nuestras mentes: — el increíble peso que tienen a la hora de forjar y dirigir nuestras opiniones, tanto las que conciernen a los hombres como a las cosas; — es sorprendente que fruslerías ligeras como el aire puedan introducir una creencia en nuestras almas y hacerla arraigar allí hasta convertirla en algo tan inamovible –que aunque se pudieran utilizar todas las demostraciones de Euclides para demolerla, aún no habría fuerzas suficientes para lograrlo.

Cita: Capítulo veintisiete, volumen IV. L. Sterne, Tristram Shandy
Foto: Sebastià Giralt, Pythagoras and Euclid, capital, Palazzo Ducale, Venice.

si, curioso y
rabioso….
Hay que tener una creencia en algo, en lo profundo del alma, ahora que cualquier increencia agita las naves.Desde http://misiglo.wordpress.com/2009/04/12/el-poder-de-la-musica/, entre lecturas, envío mi abrazo.
JJP