El fenómeno, en la vecina Francia, va en aumento.También el grado de violencia en las agresiones.

La vergüenza y la sensación de fracaso impiden decir las cosas en voz alta. Hay que recurrir, como siempre en estas circunstancias, al anonimato. Evitar la triste notoriedad de haber perdido los papeles. Desde el refugio se clama la propia desorientación y el vacío.

C’est tout.



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