¡Qué alboroto!

El avión sale con retraso. La cola de embarque se ha formado hace rato y no parece que los integrantes de la misma -muchos jubilados cargados con maletas que superan los límites establecidos por la normativa vigente- estén dispuestos a volver disciplinadamente a los bancos de asientos de la terminal. Les han dicho, y es verdad, que hay que tomar el aparato al asalto para coger el mejor sitio posible. Nadie está dispuesto a ceder su privilegiada posición en la susodicha cola. Siguen ahí. De pie. Confraternizando.

Al cabo de una horita salimos para Sevilla.  Como vuelo solo y sin equipaje puedo sentarme en una de las primeras filas, justo al lado de un matrimonio de jubilados circunspectos. Por detrás, ruge la marabunta. Acaso sea el día, un viernes que anticipa un largo puente. Tal vez la espera. Quizá el hecho de que, a pesar de la edad media del pasaje,  haya mucho novato en materia de vuelos.

El despegue es raudo pero correcto. Con un par de maniobras envolventes damos la vuelta a las Guillerías, pasamos sobre el Montseny y nos dirigimos hacia el sur. Intento leer. Imposible. No sólo por las estrecheces. El intercambio de opiniones sobre el paisaje y lo inverosímil que resulta que tanto peso junto se eleve acaba degenerando en estentóreas exclamaciones de admiración, entusiasmo y horror. Esto último cuando pasamos las primeras turbulencias.

Una extraña solidaridad lingüística se establece en la parte central del avión. Una señora, de las viajadas, informa al resto de la tropa que las cosas han mejorado mucho.

-Fa un any i mig només ens parlaven en inglés. Ara ja ens informen una mica en espanyol (en referencia a una cinta que acaban de poner en catalán diciendo que el aparato tiene ocho salidas de emergencia).

-Des de luegu (responde el marido, complacido)

En el paquete sevillano la voz cantante la lleva un señor. Tiriti-traun-traun-traun. Los intercambios de opiniones se producen mediante una coiné irreproducible. Lo cierto es que se entienden, se comprenden, se complementan. No se llega al intercambio de parejas porque el cuerpo ya no da para tanto.

Llegamos a San Pablo, aeropuerto de Sevilla. He podido pasar dos páginas del libro en hora y media.

La señora que hay a mi lado, la circunspecta, por fin abre la boca. Lo hace tras una larga ovación que la peña béticogerundense ha dirigido al sorprendido piloto de la nave (y eso que está acostumbrado a llevar a ebrios residentes de Leeds al aeropuerto de la Costa Brava).

- No ho havia vist mai. Quin guirigai!

Cuando le confirmo en la impresión salta el marido y dice:

-Ens han retransmès el viatge com en Puyal la final de la Champions.

Queda claro que el señor es del Barça.

¡Que viaje, por Dios! Y después dicen de la juventud.

10 Responses to ¡Qué alboroto!

  1. Ja veig que el viatge des de Girona distret oi? M’ha agradat molt la crònica… El meu no va ser tant “espectacular” com el teu, desde la nova T1, amb companyies de tota la vida i amb número de seient a la targeta d’embarcament. Tot i que m’esperava una pluja insistent i uns quants graus menys!!!

    Bon pont! Records a l’Ángeles!

    Agur!

  2. Prefereixo els del Betis que al senyor del barça.

  3. Bueno, si te sirve de consuelo yo tampoco pude leer nada ayer en las 2 h 45 min del Ave Barcelona-Madrid. No a causa de jubilados bullangueros sino a un alud imparable de musiquitas de móbil, una media de 1 cada medio minuto (lo que suponía dos o más de simultáneas), y los consiguientes monólogos entrecortados, algunos a grito pelado o casi (el señor de mi lado atendía llamadas acerca de importes de facturas de 30.000 euros, poca broma). Al final, auriculares y… ¡música maestro!

    Por cierto, en otro puente constitucionalmente purísimo me voy sud enllà, como tu, o mejor al Caribe. ¿Cómo se me ocurrió venirme a Madrid en diciembre? Hace un frío que pela, brrr…

  4. Pingback: La obsesión por no ser desbancados por otros : DanielTercero.net

  5. Vascongadas, Madrid… después dirán que hay crisis.
    Domènec, aclaro que el señor del Barça era muy civilizado. Lo cortés…
    Abrazos y besos.
    pd. lo triste es que no pude estar en Barcelona el 5. Más triste resulta, todavía, porque uno constata desde la distancia que la gente no sale a pedir, como debiera, la jubilación de los Castro y la libertad para Cuba… así estamos.

  6. con retraso mmm, no me digas que era un vuelo de Iberia?

    saludos!

  7. ¡No! Ryanair!!! En cualquier caso, lo problemático resultó ser un pasaje más excitado de lo normal!!!

    Abrazos sevillanos

  8. qué horror! odio que los aviones se atrasen!

    más abrazos!

  9. Pingback: Santos Inocentes « El tinglado de Santa Eufemia

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