Montilla y la historia: E la nave va
Hace menos de diez días el gobierno de la Generalitat se reunió en Cervera para festejar “con solemnidad el 650 aniversario del alumbramiento de la Generalitat”. La consecuencia para con el pasado salió a relucir de la boca del presidente, el señor Montilla, como justificación para los proyectos políticos de hoy. De hecho, según recogían las crónicas, el presidente
Ítem más,
aseveró que dicha institución de Gobierno no es un “accidente de la historia”, sino más bien el fruto de un “espíritu tozudo” de anhelo por la paz, la justicia y la libertad (sic).
También Josep-Lluís Carod-Rovira, locuaz, sostuvo que
no son muchos los gobiernos en el mundo que puedan “lucir” tantos años de historia.
En realidad, a mí ya me resulta igual que unos y otros hagan un uso espurio del pasado para sostener sus proyectos políticos actuales. En cualquier caso, sepan ustedes lo que sabe todo el mundo –no estamos ante un problema de analfabetismo sino de mala fe. Lo que se constituye en 1359 no es ningún gobierno. Repito, no es ningún gobierno. No tiene nada que ver con anhelos de paz, justicia y libertad. Es un órgano de recaudación fiscal dependiente de unas cortes feudales, creado para hacer frente a los costes de una guerra dinástica y al que se dotó de continuidad por ser útil como mecanismo de exacción. Ni más, ni menos.
Afirmar lo contrario es puro delirio. Histórico, claro. Que Montilla se sienta heredero de obispos y priores, canónigos y abades –el brazo eclesiástico tenía una preeminencia en la cabecera de la Diputació del General que, visto lo visto, nunca tendría que haber sido puesta en discusión- se compadece mal con su condición de socialdemócrata. ¿O no? Él sabrá.
Días más tarde, volvía a la carga. Era por Navidad y dijo que se sentía plenamente continuador de la obra de Francesc Macià. Depuró, Montilla y por la vía de la omisión, los rasgos del personaje histórico que le rechinaban.
El rumbo está claro. Lo marca el pasado.
E la nave va.
pd. Este post no habría salido si algún colega hubiese reaccionado ante tanta estulticia. Todo lo que sale del gremio en cuestión es un pesado silencio.


Se puede decir más alto, pero no más claro. Àngel si hubiera más historiadores como tú, otro gallo nos cantaría en la política, en la educación, en la universidad, etc. catalanas.
Saludos cofrades y Felices Fiestas
Àngel: parlant de Montilla, del passat històric i del present lingüístic, avui mateix he enllaçat al meu blog el video de l’última trobada en el vostre president i el nostre. Tota una lliçó:
http://malestarencultura.blogspot.com/2009/12/reunion-de-camps-y-montilla-en-valencia.html
¿Se acuerda usted de cuando los historiadores catalanes defendían “la historia total”? Como saben los antropólogos, nada más total que el mito. Yo puedo entender que los políticos usen del mito. Todos lo hacen. Me cuesta más entender esta desaparición del historiador del debate político. Pero en esas estamos.
Manolo, Paco, G.L.
en primer lugar, un feliz 2010 y mis gratitudes.
Discrepo, don, de la no presencia del historiador en el debate político. Véase, por ejemplo, hoy mismo
http://www.avui.cat/cat/notices/2009/12/el_psc_prepara_l_8217_enfrontament_82643.php
Lo que ocurre es que la presencia, en Cataluña, es unidireccional -en ésta como en tantas otras cosas. En rigor, tiende a reforzar y dar verosimilitud al mito. Estoy de acuerdo con usted: los políticos no sólo tienen derecho sino la obligación de hacer uso del mito. Los historiadores tienen, quisiera creer, otras responsabilidades.
Me permitiré reproducir un párrafo de Peter Mandler con el que resumiría mi posición al respecto:
“… si la amenaza del racismo en 2006 fuera realmente idéntica a la de 1940, deberíamos simpremente decir ‘para Haider en 2006, ver Hitler en 1940′. Y al rechazar esta línea de pensamiento podemos ser positivos y estar orgullosos de la diferencia con el pasado. Como el pasado es diferente del presente, la historia enseña distintas clases de lecciones, habilidades y valores que las ciencias sociales que tratan del presente. Por ejemplo, aunque la historia no debiera hacer prescripciones morales, no por ello es amoral. Su moralidad es de otra clase, más democrática, diría yo. La distancia que supone una discusión sobre temas morales del pasado permite un debate moral más abierto y participativo. Los más perturbadores y peligrosos problemas morales, cuya mera consideración pueden tener terribles consecuencias en el presente, se deben considerar con mayor cuidado y frialdad si se proyectan hacia el pasado”.
Aquí, ni cuidado, ni frialdad. Pasión nacional y con dos… No pregono el alejamiento del historiador del debate político actual. Digo que debería hacerse de otro modo y que debería ser ‘más abierto y participativo’.
Saludos
Este es mi profesor de historia. Àngel, amb el temps millores. Que 2010 no sigui tan patètic com l’any que s’acaba. Una forta abraçada.
Domènec
Una abraçada i feliç 2010!!!