Antonio Maura, el católico y la democracia

Repasando estos días, por razones obvias, la labor parlamentaria de Antonio Maura me encuentro, de sopetón, con algunas cuestiones que tienen una cierta actualidad. Y eso que de sus hechos y palabras ha pasado un siglo. Decía Maura que estaba empeñado en crear ciudadanía y hacer factible, con ella, la democracia. Creía que, para que ello fuese posible en España, lo católico, y los católicos, tenían que estar presentes, como tales, en la arena pública, en el ágora. No dudaba en sostener en sede parlamentaria dicho criterio frente al dirigente del partido liberal, y notorio anticlerical, José Canalejas. El motivo que le daba la entradilla era el debate sobre la presencia y la influencia social de las Órdenes religiosas. La discusión de la ley conocida como del Candado (1910). Sostenía, en suma, lo siguiente:

Los católicos hemos de ver como beneficiosa la influencia social de las Órdenes religiosas; yo creo que los que no sean católicos, pero que tengan de la democracia el concepto que yo tengo, y no lo creo en balde, porque lo hemos leído en muchos libros, pensarán también que cuando el poder soberano se asienta sobre la voluntad humana y cuando la voluntad humana obedece a la conciencia y, principalmente al corazón, no puede ser inútil que la multitud soberana tenga el aliento de la fe religiosa y exista la sanción de la ley moral en vez del desierto de las conciencias.

Bueno, sería discutible, opino, la afirmación de Maura si éste contemplase como condición ineludible la existencia de fe religiosa para que no se dé el desierto de las conciencias. Pero sólo una lectura sesgada de su intervención puede llevarnos a esta conclusión. De hecho, la fórmula que viene a continuación aclara la pretensión de Maura :

(…) en definitiva, el que no crea eso tiene que respetar aquella influencia social, porque es lícita, aunque sea contraria a su convicción, como hemos de respetar nosotros y respetamos todas aquellas cosas que están en contra de nuestro personal convencimiento.

De paso deja la pelota -la de la posibilidad de una democracia estable en España- en el tejado del anticlericalismo:

Eso es ser liberal y practicarlo; no como el Sr. Canalejas que cree que el oficio de hombre político es el oficio del pedagogo; que se alaba, con razón, de ser él un gran pedagogo y se escandaliza de que, católico yo, haga de pedagogo publicando mi fe y asistiendo a los actos del culto católico cuando me plazca.

¿Conclusiones? Pueden ustedes sacar las que gusten. No les ocultaré que a mí Canalejas me parece un político de su tiempo, un hombre que responde a la agenda del momento, a la coyuntura que vivía la sociedad española. Maura, claramente, era un político moderno, un estadista dispuesto a trascenderla.


4 Responses to Antonio Maura, el católico y la democracia

  1. Como siempre, querido Ángel, mi agradecimiento a tus palabras. Con abrazo sevillano o de otra parte de España.
    Lo importante es el recuerdo y el abrazo.
    José Julio

  2. Me gusta Maura. Tout simplement.

  3. Tiene usted motivos.

  4. José Julio, reitero desde aquí el recuerdo y el abrazo.

    B., Claudia… añadiré algo más, ¡qué buen vasallo si…!

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