Las decisiones políticas que aparecen revestidas de trascendencia, con independencia de que la tengan o no, suelen generar un cúmulo de artículos de opinión. En la Cataluña de los últimos meses las circunstancias han sido propicias a la generación abusiva de tal tipo de producto. El Estatuto, primero, y ahora el acuerdo del Parlament acerca de la prohibición de los toros, son cebo atractivo. Todos, incluso un servidor de ustedes, está a la que salta. Se sienten en la obligación de decir algo. En la mayoría de los casos este tipo de material sirve de poco. Es como la espuma de las olas. Deja de existir a la que llega a la costa. Hay, sin embargo, excepciones. Ayer hubo una. Me refiero al artículo de Víctor Gómez Pin en EL PAÍS:
Un artículo con título, y fondo, de tango.
En realidad, aunque confío que en el futuro ayude a entender algunas cosas del pasado, creo que fue, como el de tantos otros y vistos los comentarios que suscitó, un esfuerzo inútil. Quizá por razones de orden generacional. Esta maldita palabra que está adquiriendo tanto sentido para mí, últimamente.
Si no lo leí mal, venía a recordar, más allá de los razonamientos filosóficos sobre las superioridades morales de los animalistas, y frente a todos, que hubo un tiempo, el de la conquista del autogobierno para Cataluña, en el que fue decisiva la cooperación -digo mal, la frente, el hombro, la espalda y las manos… su capital- de una serie de gentes que habían venido de muchas partes de España. Gentes que no querían renunciar a lo que eran sino que estaban dispuestos a construir juntos un espacio de ciudadanía y de progreso. Gentes que fueron una parte sustancial de la Cataluña que conquistaba su autonomía sin tener que ceder, tampoco se lo pedía nadie, un ápice en lo que era su sentimentalidad, o la de sus mayores. Sin esa gente, eso lo digo yo, no lo dice Gómez Pin, ni autonomía, ni nada de nada. Para que lo tengan presente los jovencitos y los mayores con mala memoria.
Pues bien, a algunos de ellos ahora les dan por saco, con perdón. Esto tampoco lo dice Gómez Pin, lo digo yo. En rigor, les han estado dando por saco desde hace algunos añitos. Por un lado están los que si pudieran -en Barcelona, en Madrid o en Sevilla- se seguirían aprovechando del personal; por el otro los que ya está claro que se han aprovechado sin pudor de ellos, haciéndoles sentir partícipes de algo que no es parte de la nación por la que lucharon. Algo despreciable.
Esto pasa en el momento que podría ser el del triunfo. El de un honorable charnego. Pero el hombre se achanta, tanto ante los mesetarios que le acusan de agradecido, como, sobre todo, ante los compatriotas que le siguen considerando eso, simplemente un charnego. Más, claro está, si le gustan los toros. Hay empatías que resultan antinacionales ¿No podría haber dejado esa querencia aparcada en Iznájar? Con lo modernos que aquí semos.
Desde un punto de vista histórico lo que está claro es que la nación triunfó sobre la clase. Bien está. También resulta evidente que a algunos les dieron gato por liebre. Y, lo jodido del caso, es que es el tipo de personal del que estamos hablando se volvería a dejar engañar.
Como que el artículo Gómez Pin lo firmaba en tanto que miembro del PSUC- Iniciativa per Catalunya. El mismo partido, me parece, que lleva a Europa a Raül Romeva. Es un poner.
Ps. Quede claro que quizá no sea lo que escribió Gómez Pin, sino lo que yo quería leer, lo que aquí ha sido glosado.

A uno le gustaría saber más historia para salir de, o reducir las, dudas, pero cada vez que se van dando hechos como los que observamos, vivimos, estos días, de un modo que parece irse acelerando, no puedo evitar que me asalte esta sensación: hay un grupo más o menos numeroso que se propone crear una nación estado y están usando el único modo que hasta ahora se conoce.
¿Cómo serían Grecia y Turquía ahora, sin el brutal intercambio forzoso de poblaciones que se produjo em un momento clave de su historia? ¿O Bohemia, la república checa escindida no ha mucho de Eslovaquia, sin el resultado combinado del exterminio de los judíos y la expulsión de los alemanes (ésta, la recolococación por la fuerza de los alemanes en Alemania, quizás un factor decisivo, y poco citado, en el ‘milagro europeo’)?
Siendo yo, por decirlo así, proamericano, y no ya en términos relativos, lo que no sería gran cosa por estos lares, me he preguntado más de una vez cómo me hubiera sentido en el momento de la independencia de aquel país. Es muy fácil asentir al texto de la Declaración, pero, ¿cómo se debió vivir el día a día? Hasta que llegó el momento, una buena parte, si no todos, los americanos, eran ‘ingleses’ y se les exigió que tomaran partido, que renunciaran a, no, que lucharan contra su rey.
Siendo cierto lo que describe Gómez Pin, ¿no estará confundiendo momentos históricos e intenciones? Los que se manifestaron contra la Constitución y que ahora prohiben los toros, ya no están en el momento del primer Estatuto, del ‘entre tots ho farem tot’, sino en el de ‘nosotros y ellos’. No responden tanto a la idea de que una nación, incluso su nacimiento, requiera un consenso muy amplio a priori, sino al tanteo progresivo, medido día a día en medidas de mayor o menor alcance, para saber si las fuerzas son ya las suficientes para que una parte, no necesariamente mayoritaria en número aunque sí en determinación, imponga su proyecto al resto. La creación de consensos la dejan para más tarde. Y es que igual ha sido siempre así y ellos sí lo tienen claro.
Si eso es así, nada habría que reprocharles a ellos, los que intentan utilizar métodos de resultados tan comprobados. Más bien sería el momento de preguntarse porqué los que no comparten ese proyecto no demuestran igual empeño. Y si, en caso de que alguna vez se decidan a hacerlo, no será demasiado tarde.
Cierto. Ese es , para mí, el interés que tiene el artículo de Gómez Pin.
1.- Pone en evidencia la distancia entre las formas y las lógicas políticas de uno y otro momento histórico. Lo que, desde mi perspectiva, enaltece a los actores de ese momento.
2.- Constata que el nacionalismo pasa por encima, y arrasa, con lo que cree que no le conviene.
3.- Los que no están por una Estado-nación -me imagino que entre los socialistas y el resto de la izquierda debe haberlos- se limitan a seguir el juego o, como mucho, tocan un tango -lamento de cabrón, si me disculpa.
Pero hay algo más. Es cierto que les interesará muy poco o nada. Van a lo suyo. Con independencia de lo que harán pasar a mucha gente hoy, tendrán un problema de futuro. No creo que aquí haya, en caso de llegar todo al final esperado, grandes desplazamientos de población. Algunos intentaremos un traslado, pero seguramente ni por esas. La inmensa mayoría se quedará y, en pocos años, lo de las banlieus francesas se quedará en un juego de niños. Por suerte, a no ser que haya acelerones inesperados, esto último no lo veremos. Será la culminación de esa hermosa cohesión social sostenida sobre el silencio del cincuenta por ciento de la población.
Prohibirán también los Bous al Carrer ?? ah no! que como putean al toro en catalán sí que vale!!! Si han organizados tantos referendum en los pueblos para ver si quieren o no la independencia porque no han hecho lo mismo con el tema de los toros ?? Si ésto es un anticipo de lo que sería una hipotética Cataluña independiente, donde una panda de catetos coarta las libertades de sus ciudadanos, tendremos que emigrar a España, o me haré Aranés para independizarme de Cataluña.
Saludos