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La guerra ha quedado atrás
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Tagged Franquismo, Guerra Civil, Albert-Louis Deschamps, 1939
Doña Pilar y las centinelas de la estética urbana
Se preguntarán ustedes… ¿Cuál?
Careaga. Quién si no.
Estoy leyendo, por razones estrictamente profesionales, el tercero de los volúmenes de la obra Bilbao desde sus alcaldes. Vasto y refinado trabajo prosopográfico dirigido por Joseba Agirreazkuenaga y Mikel Urquijo. Éste último es quien firma la entrada correspondiente a la que fuera alcaldesa bilbaína en tiempos agitados. No tanto como los que vendrían justo después de ella, pero agitados al fin y al cabo.
De la burguesía industrial y financiera de Neguri -¿ha habido otra?-, doña Pilar era de joven una intrépida militante de la modernidad bien entendida. O sea, que era una maurrasiana militante de Renovación Española y protectora, en enero de 1936, de la revista Acción Española.
Ya por entonces había contraído matrimonio con un Lequerica; en concreto, don Enrique.
Siendo yo joven oí hablar mucho de ella. O, por mejor decir, leí mucho sobre ella. Porque entonces, hablo de los muy primeros años de la década de 1970, los jóvenes leíamos la prensa, el diario. Y en él venían noticias de la alcaldesa de Bilbao, desde 1969 hasta 1975, y procuradora en Cortes. Que si dialoga con los vecinos, que si les ha dicho basta. Que si la Universidad, que si la contaminación. Que si aperturista, que si mujer. Que si vasca, que si española -bueno, en realidad eso vino después, porque por aquél entonces lo bilbaíno y lo vascongado eran epítome de lo español.
Adalid de las conquistas sociales de la mujer, y cantora del matriarcado vizcaíno, se mostraba siempre distante del feminismo desgarrado. Precisemos. Lo recuerda Urkijo. El ABC de 21 de noviembre de 1969 establecía, por ejemplo, la función que la alcaldesa había atribuido a las mujeres en la policía municipal:
La sección policial femenina tendrá facultad sancionadora, pero no entenderá en cometidos masculinos, como el tráfico y sus derivaciones. Las funciones de las mujeres policías bilbaínas serán muy específicas, como la vigilancia de niños, salida de escuelas, presencia en parques y jardines infantiles…
Y, la guinda:
También se las quiere hacer un poco centinelas de la estética urbana: ver cómo están la limpieza, las colgaduras de ropas y todo aquello que puede ser más apreciable al “tacto” femenino.
¡Qué gran libro! ¡Qué gran mujer!
Por cierto, en 1979, ETA atentaría contra ella mientras iba a misa conduciendo su SEAT 127. Adujeron que era
una de las personas más nefastas y dañinas que Vizcaya, y Euskadi en general, ha tenido que soportar bajo la bota fascista.
Añadían, por si esto no era motivo suficiente, que no había pagado el impuesto revolucionario.
Bilbao desde sus alcaldes. Diccionario biográfico de los alcaldes de Bilbao y gestión municipal en la Dictadura. Vol. III: 1937-1979.
Bilbao 2008.
La España de Franco no fue un erial
No lo fue en términos culturales. Cierto, el exilio republicano supuso para el país una pérdida nada desdeñable de materia gris. Pero, en 1939, no toda esa materia estaba en el campo de los vencidos.
Hay que recordarlo. Tenemos que saberlo. Autores como Jordi Gracia, en los últimos años, están poniendo de manifiesto la existencia de un hilo liberal. Muchas veces lo que quieren decir con ello es que hubo un hilo de inteligencia.
Pensaba todo esto leyendo en internet algunas de las entradas de La Hora que ha recogido el Proyecto filosofía en español. Se trata de un proyecto impulsado, desde hace unos años, por la ovetense Fundación Gustavo Bueno.
Bien, La Hora, periódico oficial de los estudiantes españoles -es decir, semanario publicado en distintas etapas por la Jefatura Nacional del Sindicato Español Universitario y sucesora en el tiempo de Alférez- contaba con una nómina de colaboradores nada desdeñable. Uno de ellos fue Miguel Sánchez-Mazas. El hijo de uno de los fundadores de Falange, el hermano de Rafael Sánchez Ferlosio. Sánchez-Mazas, Miguel, nuestro personaje, nació en Italia, donde su padre era corresponsal de ABC. En la posguerra lo encontramos escribiendo sobre Leibniz o Eddington en Arriba; como colaborador del Instituto Luis Vives del CSIC; como impulsor de la revista Theoria; como cronista para ABC -siguiendo los pasos del padre- de los trabajos de la Primer Conferencia Mundial sobre Usos Pacíficos de la Energía Nuclear. En 1956 tomaría parte activísima en las agitaciones universitarias que señalarían el inicio de la oposición universitaria al régimen. Su destino estaba marcado. Acabaría en tierras extrañas, ejerciendo el magisterio en Suiza.
Antes de la ruptura, en España amarga, breve ensayo publicado el 5 de noviembre de 1948, Sánchez-Mazas advertía
que las raíces de España eran eso, amargas. Y, en consonancia, sus gestos sobrios, sosegados discretos.
Nuestro carácter tampoco es dulce, sino amargo. Desdeña todo gesto de sentimentalismo, es capaz de irritarse por un exceso de amabilidad o de dulzura. El amor, la amistad, la vida familiar tienen entre nosotros un fondo más serio y, a la vez, más amargo que en otras partes. Toda la fuerza de nuestra personalidad, de nuestro temperamento, toda la grandeza de nuestra historia, de nuestro teatro o de nuestro arte están en esa amargura española. Somos amargos, y por esa razón somos tan difíciles de comprender y de tragar.
Eran. Pero amenazaban con dejar de ser. ¡En 1948!
Sin embargo, hay actualmente una tendencia a ignorar este fondo nuestro. en virtud del cual nos hemos comportado siempre con tanta dignidad. Hay una tendencia a presentar los cosas de España de un modo completamente distinto. La radio, los periódicos, los charlistas y hasta el pueblo ensayan un estilo ligero, sonriente, dulce, azucarado, para tratar de nuestras cosas, y esto nos pone en ridículo. Los más jóvenes tendrán una versión falseada de lo que es nuestra historia y de lo que representa la obra de España en el mundo: obra caracterizada por la dureza y la intolerancia, y además por la amargura de no ser tratados con justicia por el resto de las naciones. Pero vemos que las aristas de nuestro pasado y de nuestro presente son limadas por esta tendencia que tan mal entiende la propaganda: América sólo fue un idilio de tres siglos, interrumpido no se sabe cómo y dulcemente reanudado ahora. Esta actitud de necia sonrisa, optimismo y dulzura es antieducativa. Nuestras viejas ciudades se están recubriendo más que nunca de un barniz literario y simbólico verdaderamente empalagoso. Toledo, Ávila, Segovia y Sevilla se van a hacer irreconocibles hasta para los mismos que las habitan: todo lo que se dice de ellas es tan vago, tan general y, sobre todo, tan azucarado que hace olvidar su verdadera personalidad.
La conclusión llegaba inevitable:
Si nuestra juventud no reacciona, tendremos una juventud ablandada y sentimental, si reacciona demasiado la tendremos tal vez escéptica. ¿Cuándo volveremos a tener un poco de sobriedad y de dignidad al hablar de nosotros mismos? Hemos estado a punto de sucumbir una vez por efecto de la leyenda negra. Pero toda injusticia de esa clase es pasajera. Nos hemos salvado. No sé si podremos sobrevivir a esta leyenda rosa que se está tejiendo en la actualidad. Porque el rosa es el color más alejado de nuestro carácter.
Hay algo de actual en estas palabras ¿no?
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Tagged Exilio, Franquismo, Liberalismo, Miguel Sánchez-Mazas
Max Aub, la ceguera voluntaria, el olvido (in)necesario
Ando estos día dándole vueltas al tema del olvido como elemento básico que hizo posible, y caracterizó en sus limitaciones, la transición. Quizás por la brillante intervención de Javier Muñoz Soro en en Congreso México-España 1939, que ha tenido lugar en Ciudad de México y en Morelia, quizás por la lectura de Antígona y el duelo, el último y apasionante ensayo de Jordi Ibáñez Fanés (Tusquets, 2009).
Entre agosto y noviembre de 1969, Max Aub viajaba por España a fin de recoger notas para un libro sobre Luis Buñuel. El libro a propósito del cineasta no llegó a concretarse. Pero esas notas fueron reelaboradas de vuelta a México, la tierra del exilio, y en ellas puede leerse una ácida valoración de la juventud española, de una juventud que había desconectado de la memoria de la República y de la Guerra. Para Aub era doloroso encontrar en su patria
jóvenes despreciadores de lo que ignoran voluntariamente
Quizás, sólo quizás, en esa ignorancia, o ceguera, voluntaria se encontró la posibilidad cierta de la reforma política que no tardaría más que seis años en concretarse.
Ibáñez, en el citado ensayo y a l luz de los recientes debates sobre la memoria histórica, también se rebela contra
la pequeña indecencia del olvido
Aunque no sólo contra ella. También frente a
(…) la seca indecencia de una sabiduría infatuada de olimpismo moral
y, en particular, no duda en debelar
(…) la tétrica compulsión de la tergiversación partidaria
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Tagged Franquismo, Javier Muñoz Soro, Jordi Ibáñez Fanés, Max Aub, Transición
La sonrisa del régimen
Esa era una de las tareas que le correspondía a la mujer en la España de 1939. Ser la sonrisa, grave y, al mismo tiempo, acogedora. La de la madre que riñe y, de esa guisa, encauza a la chiquillería alborotada.
La labor venía facilita por una guerra que había macerado al personal. Dolor, miedo, hambre.
En el terreno asistencial Auxilio Social, iniciativa de Mercedes Sanz Bachiller, la viuda de Onésimo Redondo, chocaría pronto con los intereses de la Iglesia católica. Era previsible. Al fin y al cabo, el embrión de la organización -Auxilio de Invierno- era una trasposición de la nazi Winterhilfe. No puede haber dos gallos en un mismo corral.
Con todo, en un primer momento, fueron las alegres camaradas las que atendieron las colas de peticionarias:

No cerraban al mediodía…

… y, en justa correspondencia, se encontraban con la sonrisa de la infancia, siempre agradecida

Versiones alternativas/complementarias/antagónicas por momentos:
Los cómics de Carlos Giménez, Paracuellos, y la sólida obra histórica de Ángela Cenarro, La sonrisa de Falange. Auxilio Social en la guerra civil y en la posguerra (Crítica, 2005)
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Tagged Albert-Louis Deschamps, Auxilio Social, Falangismo, Franquismo, Infancia, Mujeres
Pieles, señoras y banderas: 1939
Toda guerra tiene un desenlace. También lo tuvo la Guerra Civil.
En el momento de la resolución reaparecen formas de vida social arrinconadas por razón de los combates. Cierto, durante el conflicto la mujer española tuvo un protagonismo remarcable y remarcado. Lo tuvo en ambos bandos. Recuerden: la miliciana; el ángel de los hospitales y las escuelas; la fuerza que sostiene, acurrucada en los refugios, la voluntad de resistencia del combatiente; la mano de obra que mantiene en funcionamiento la industria;…
Tanta visibilidad se ha opuesto a la ausencia posterior. ¿Ausencia?
En 1939 la visibilidad de la mujer española, en la calle y en las iglesias, en las ciudades y en el campo fue destacadísima. Otra cosa es que más tarde se la recluyera en casa o que, en esos mismos momentos de abandono progresivo de las armas, la visibilidad de la que disfrutaba no respondiese a cánones aceptables para la lógica feminista.
¡Qué le vamos a hacer! Lo cierto es que las mujeres se hicieron visibles en diversas formas. Hoy vamos a limitarnos a lo que podríamos denominar la recuperación de una función social que era, por lo demás, muy tradicional, de toda la vida: madrinas del Ejército español.
Había que festejar la victoria. Las señoras -aquí el término alude no sólo a su sexo sino a su condición social, a su clase- apadrinarán los banderines que la localidad ofrece a los caballeros que lideran los ejércitos victoriosos.

La explanada está bien organizada. El sacerdote, otra presencia recuperada, preside la bendición de los gallardetes. No queda claro si es el cura párroco o un sacerdote castrense. En cualquier caso son tres los gallardetes a bendecir.

Los espectadores -el pueblo reunido en la explanada- pueden ver que las señoras se han vestido con sus mejores galas. En realidad han sacado las pieles escondidas durante meses, quizá años. Las señoras se ponen firmes, tanto o más que los militares. Cuando una mujer se pone firme, y más llevando tanta chinchilla encima y los tocados correspondientes en la cabeza, asusta. ¿Serán las esposas de los uniformados?
La ceremonia se ajusta a un ritual complejo pero claro. Discursos, bendiciones, movimientos. La jerarquía queda restablecida. La comunidad vuelve a estar en orden. Al frente de la misma, las señoras de siempre.



El acto culmina con un desfile. Enérgica, pasa la Guardia Mora. Pendientes de la escena, a una prudente distancia, desde la tribuna, las señoras. Entre el público, junto a la soldadesca, alguna vecina asiste al festejo.

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Barcelona, 1939: metafísico estáis…
-Metafísico estáis. -Es que no como.
Diálogo sostenido entre el brioso Babieca y el famélico rocín de don Quijote. Interlocución que viene a cuento de las circunstancias asumidas por los barceloneses en febrero de 1939. El contraste entre la ciudad-trinchera (Madrid) y la ciudad-abierta (Barcelona) es, gráficamente, portentosa. En la ciudad condal el puerto y los barrios adyacentes presentan las heridas abiertas de los bombardeos continuados. En Madrid, el que dice haber reeditado el Dos de Mayo resistiendo al avance del fascismo durante meses, años, la geografía del dolor es mucho más visible, obscena.
En todo caso, se daba una circunstancia compartida: hambre. Hambre atrasada y hambre por venir.
Intentando organizar las colas ante los locales de Auxilio Social, en el barrio de la Ribera o en las Ramblas, un solitario guardia civil o algunos elementos de la guardia urbana.


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Tagged Auxilio Social, Franquismo, Memoria histórica
Gerona, ¡¡genio de España!!
Hoy facilitamos al lector, siguiendo con la hermosa labor que nos propusimos en su momento, una nueva mirada histórica sobre Gerona. Se trata de una aproximación cariñosa debida a un compatriota ilustre. Ernesto Giménez Caballero, “el D’Annunzio español” o “el primer fascista español” -en cerrada competencia con Rafael Sánchez Mazas-, lo tenía meridianamente claro:
Gerona o la independencia nacional. Gerona es el castilllo defensivo más alto y avanzado de España. Gerona es la Pamplona de Cataluña. Gerona -tierra y ciudad- es quizá lo menos catalán de Cataluña, si por Cataluiña se entiende una región de paz y de comercio
Gerona es la guerra, es el peligro, es la frontera y el heroísmo. (…)
Gerona, ¡¡genio de España!!
Giménez Caballero, Amor a Cataluña, Madrid, Ediciones Ruta, 1942, 71-73.
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La Cenicienta y un par de filósofos. Episodio de historia ‘cultural’ española
Es decir, de historia cainita. Es decir, de filias y fobias.
El exilio republicano español fue una experiencia dramática, en ocasiones. En otras, no tanto. Pero, en cualquier caso, fue largo, muy largo. Esa misma dilatación en el tiempo provocó que la consideración para con los compatriotas exitosos estuviese condicionada por su actitud ante el régimen o, incluso, por la más elemental y simple decisión de regresar, o de no hacerlo. El retorno, cuando era abdicación, conllevaba una pérdida de dignidad. El retornado, aunque no cantase la palinodia, quedaba equiparado a algunas de aquellas figuras del panorama creativo en el interior que, manifestando ciertas veleidades liberales, servían de coartada al régimen dictatorial. El ámbito de la cultura fue, por razones evidentes, uno de los que mejor visualizó la tensión provocada tanto por la tentación del retorno como por la emergencia de Españas alternativas que se resistían, o impugnaban, la polarización España republicana / España franquista.
El retorno, es cierto, no fue una opción privativa de los hombres y mujeres de cultura, pero era evidente que, frente al carácter anónimo de la mayoría de la colectividad de republicanos exilados, los artistas y literatos, los científicos y profesionales exitosos que decidían volver a España infringían al republicanismo una derrota en toda regla. Es en este marco que cabe situar la proliferación de odas a los hijos del exilio republicano que triunfan como tales en el exterior y el paralelo rechazo a las medias tintas y a los esfuerzos por elevar puentes de contacto. De lo primero nos dejó constancia el dramaturgo Alejandro Casona, un personaje que, por cierto, acabaría haciendo el viaje de vuelta en 1963. Once años antes, en octubre de 1952, disertaba sobre María Casares, Gran Triunfadora en el Destierro en una conferencia, organizada por la Agrupación de Intelectuales Demócratas Españoles, que se celebró en los locales del Centro Asturiano de Buenos Aires y que vino seguida de la proyección de la película Orfeo, de Jean Cocteau. Casona sostenía lo siguiente:
El viejo cuento de la Cenicienta, que los poetas cuentan al derecho, la vida suele contárnosla al revés. Primero es el palacio y el príncipe, luego es el odio de los hermanos malos; un día suena en el reloj la hora fatal y cuando hemos perdido hasta los zapatos sólo nos salva el trabajo entre el fuego y la ceniza. Quizá no sea tan bonito así; pero es más humano y más ancho, porque este cuento de María Casares es el cuento de toda la España desterrada.
La imagen no podía ser más poética. En la misma página, doble central, venía el contraste. Si para los republicanos Marías Casares era la encarnación de El Viejo Cuento de la Cenicienta, el colaborador Pedro Elgoibar no se andaba con chiquitas a la hora de enjuiciar no ya la actitud sino la propia labor de José Ortega y Gasset y de su discípulo Julián Marías. No les perdonaban la autosuficiencia, la actitud displicente y ensimismada, la incapacidad, por ausencia de coraje cívico, para afrontar el problema de España. Haciendo uso de la metáfora -”como hace él”-, Elgoibar se lanza por el camino del ataque ad hominem:
…el Sr. Ortega ha elaborado esforzadamente, con una masa más o menos filosófica, unos agradables buñuelos de viento y unas tortas muy azucaradas y rematadas con volutas y angelitos de chantilly de variados colores. Su arte es de repostería literaria. Se ve, sin embargo, que vino al mundo con unas pretensiones desmesuradas. La única finalidad que podía tener el mundo era servirle de tema de meditaciones. A mí, para decirlo filosóficamente, nadie puede demostrarme que el mundo tiene una existencia objetiva fuera de mi conciencia; es decir que seguirá existiendo después que yo me muera; pero, sospecho modestamente que sí. El Sr. Ortega, en cambio, está absolutamente convencido de que, cuando se vaya él, no quedarán aquí ni los rabos de nadie. De modo que, por si acaso, ya pueden ustedes ir preparando el alma porque -y Dios le conceda muchos años de vida- el señor Ortega no es ningún jovencito.
El varapalo a Marías viene por otro lado, el del compromiso con la suerte de España. O acaso, no. Tal vez sea esa también, más que la petulancia, la tara que los republicanos atribuyen a la figura de Ortega. En todo caso lo que sugieren de Marías va en esa dirección:
No es limpio ni decente, señor Marías, venir a explicarnos lo que es el mundo actual y soslayar la explicación de lo que es la España actual. No es posible amputar España a Europa, a menos de decir que es un miembro gangrenado que no tiene salvación con el tratamiento a que está sometido actualmente por la fuerza. No es honrado andar por el mundo dando la impresión de que la vida de España es completamente normal, puesto que los filósofos y los profesores de filosofía pueden dedicarse, con ánimo alegre y viajero, a la filosofía peripatética.
España Republicana, Buenos Aires, 15.X.1952, pp. 4 y 5-6, El “Macaneo” en la Filosofía. Del Maestro Ortega al Discípulo Marías, por Pedro ELGOIBAR.
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